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La Presión Social

El asesinato de mujeres para recuperar el honor de la familia proviene en gran parte de la presión social y psicológica que sienten  los asesinos tal como ellos mismos lo revelan en sus confesiones. Los asesinos confiesan en numerosas ocasiones que su círculo de relaciones sociales próximas, la familia, el clan, el pueblo u otros les habían alentado y esperaban de ellos que cometieran el crimen. Desde el punto de vista de la sociedad,  el hecho de no matar a la mujer degrada a sus parientes próximos. He aquí cinco ejemplos:

Un  jordano asesina a su hermana que había sido violada por otro hermano. La familia había intentado primero recuperar el honor perdido casando a la víctima con un anciano pero éste último obligó a la chica a prostituirse y esta se escapó. El asesino confesó que si pudiera cambiar el pasado no mataría a su hermana sino a su padre, su madre, sus tíos y todos los parientes que le habían empujado a matarla y le habían conducido a prisión.
En lugar de matar a su hermana e ir a la cárcel, dijo que debería haberla "atado con una cuerda como una cabra y dejarla vivir  su vida hasta que muriera" (11)


Un egipcio que había estrangulado a su hija embarazada sin estar casada y que a continuación cortó su cuerpo en ocho trozos para arrojarlos al inodoro, dijo: "La vergüenza me atormentaba a donde quiera que fuera (antes de matarla). La gente del pueblo no tenía  piedad de mí. Hacían bromas a mi costa y se burlaban de mí. No podía soportarlo más y decidí poner fin a esta vergüenza." (12)

Un palestino que había colgado a su hermana de una cuerda, decía: "Yo no la he matado sino más bien la he ayudado a suicidarse y a ejecutar la pena de muerte a la que ella misma se había condenado. Lo he hecho para lavar con su sangre el honor de la familia que había sido violado por su culpa y en respuesta al deseo de la sociedad que no habría tenido ninguna piedad conmigo si no lo hubiera hecho...la sociedad nos enseña desde pequeños que la sangre es la única manera de lavar el honor de uno." (13)

Un joven palestino que había matado a su hermana, tras sufrir ésta una agresión sexual, confesaba: "Antes de hacerlo, yo bebía un té y su gusto era amargo porque mi honor había sido violado. Después de matarla, me sentía mucho mejor...no le deseo a nadie el estado mental en el que me encontraba. Estaba bajo una insoportable presión mental."(14)

Otro palestino que había asesinado a su hermana explicaba: "Yo tenía que matarla porque yo era el mayor de los hombres de la familia. Mi único móvil para hacerlo era (mi deseo) de verme libre de los comentarios de la gente. Ellos me reprochaban que la animaba a fornicar...Yo la dejé elegir la manera de librarme de ella: degollarla o envenenarla. Ella eligió el veneno." (15)

Estos testimonios se inscriben en el análisis de 'Izzat Muhaysin, psiquiatra del Proyecto para la Salud Mental de Gaza, según el cual la cultura de la sociedad concibe a cualquiera que se abstenga de "lavar la deshonra con la sangre" como "un cobarde que no merece vivir". A menudo, añade aquel, una persona así es considerada menos que un hombre. (16)

En ciertos casos la decisión de cometer un asesinato es delegada. En el caso de Kifaya Husayn con el que se introduce este artículo, los tíos de la víctima designaron  a su hermano como encargado de cometer el crimen en nombre de la familia. El asesino designado en quinto lugar se sintió obligado a cometer el crimen en su condición de hombre de más edad de la familia.

La indulgencia para los asesinos de familiares de sexo femenino, particularmente mujeres, no es completamente ajena a la sociedad occidental. Por ejemplo en 1989, un juez de Nueva York condenó a un hombre únicamente a cinco años de libertad provisional por el asesinato de su mujer adúltera, en virtud de la "gran vergüenza y humillación" que los cuernos le habían hecho sentir. (17) En 1994 un juez de Maryland condenó a un hombre a solo 18 meses de prisión por la muerte de su esposa a la que había sorprendido en adulterio - y admitiendo el estrés que aquel había debido padecer, el juez se disculpó por haberle infligido una pena tan dura. (18)  Sin embargo en occidente estos casos son excepcionales; en los países árabes, la indulgencia hacia los crímenes ligados al honor familiar es la norma y, además, así se ha previsto en el código penal.


El caso jordano

Algunos estados árabes distinguen legalmente los crímenes de honor de otros tipos de asesinatos. De los primeros se ocupa el código penal en una cláusula separada en virtud de la cual el asesino se beneficia de una reducción de la pena o incluso de una exención total de ésta. En Jordania, por ejemplo, las penas por crímenes de honor oscilan normalmente entre tres meses y dos años de prisión. (19) Este trato tan beneficioso se desprende del código penal jordano, en el que dos artículos contemplan la cuestión:

         - Artículo 98: Aquel que comete un crimen en  un estado de extrema cólera                causada por un acto ilegal, y en cierta medida peligroso,  inducido por ello, tiene derecho a una reducción de la pena.

-        Artículo 340: (a) El que sorprenda a su mujer o a alguna de sus maharim (parientes femeninas hasta un grado de consanguinidad que excluya el matrimonio) en el momento de ir a cometer  adulterio con otro hombre y mate, hiera  o lesione de otro modo a uno de ellos o a ambos, estará exento de toda pena. b) El que sorprenda a su mujer o a una de sus hermanas o parientes femeninas con un hombre en un lecho ilegítimo y mate, hiera o cause lesión (a uno de ellos o  a ambos) se beneficiará de una reducción de la pena. (20)

En la mayor parte de los casos, los asesinos articulan su defensa sobre el artículo 98, cuya terminología recuerda en cierto modo el concepto occidental de "trastorno mental transitorio". En efecto, los políticos jordanos como el senador Muhammad Kaylani,  creen que esto es lo justo. "Si un hombre encuentra a su mujer en la cama con otro hombre, y la mata inmediatamente" explica Kalyani, "en ese caso no debe ser castigado porque se encontraba desbordado por sus emociones." (21) Los tribunales jordanos utilizan la nación de trastorno mental transitorio con suma liberalidad tal como se puede constatar en el caso siguiente: "Un hombre ha asesinado a su hermana porque creía que su comportamiento inmoral había precipitado su propio divorcio.  Según las actas del juicio oral resultó probado que el cuatro de octubre de 1999, se había escondido detrás unos coches aparcados esperando a su hermana. Cuando la vio caminando por la calle con dos hombres, montó en cólera, sacó un arma y le disparó tres tiros en la cabeza. Después del asesinato - cuando aparentemente ya no estaba encolerizado-  se sentó junto al cuerpo de su hermana, se fumó un cigarrillo y esperó que llegara la policía. El tribunal basándose en el artículo 98 lo condenó a seis meses de prisión porque había cometido su crimen "en un momento de furia". (22)

A mediados del 99, activistas jordanos de los derechos humanos lograron la adhesión de la corona y del gobierno en apoyo de su campaña  a favor de penas más severas para los crímenes de honor. Aunque los anales jurídicos jordanos no dan fe más que de un solo caso en que el asesino fuera dispensado de toda pena en virtud del artículo 340, la campaña de derechos humanos se concentró sobre este artículo porque este perdona explícitamente los crímenes de honor. Su reforma es, en efecto, más que simbólica, porque la indulgencia permitida por el artículo98 es una consecuencia moral del artículo 340; según las propias palabras del activista de los derechos humanos 'Abd al-Hadi Kabariti, el artículo 340 es una "licencia para matar." (23) (Dicho esto, la campaña tenía también por objeto el artículo 98, que el gobierno jordano había prometido así mismo reconsiderar).

La propuesta gubernamental de dejar sin efecto o reformar el artículo 340 encontró una resistencia feroz tanto en la población como en sus líderes. Un estudio de Jordanie Times revela que el 62% de los jordanos se oponen a la reforma del artículo 340, principalmente por miedo a la "corrupción moral de la sociedad". (24) Para responder a este miedo y mejorar las posibilidades del proyecto  de ley, el gobierno le adjuntó penas más severas para el adulterio (el artículo 282 estipula actualmente que el adulterio es un delito penado con seis meses a dos años de prisión.) El senado jordano aprobó estas reformas pero la cámara baja las rechazó en noviembre de 1999.

Durante las sesiones de la cámara baja, quedó claro que en lo que hace a los crímenes de honor, los parlamentarios jordanos comparten los sentimientos del pueblo. La mayoría de los parlamentarios realzó el hecho de que el proyecto de ley entraba en contradicción con la naturaleza conservadora de la sociedad jordana. El diputado Mahmud al-Karabsha, hablando en nombre de treinta y un colegas parlamentarios, advirtió que la reforma supondría un ataque a la familia jordana y suprimiría el elemento de disuasión implícito en el artículo 340. (25) Algunos políticos expresaron incluso su simpatía por los asesinos de los que nos se puede exigir que controlen sus emociones. "Un hombre, por principio, no puede tolerar actos inmorales," explica el parlamentario 'Abd al-Majid al-Aqtash, "¿entonces cómo se puede exigir que tolere un acto inmoral que le afecta personalmente?" (26) "¿Qué esperan ustedes de un hombre que vuelve a su casa y encuentra a su mujer con otro hombre?" Se pregunta Kharabsha, "¿Que el regale una rosa?" De hecho, Kharabsha aclara también que las mujeres son un "instrumento de control" porque si ellas se preservan, pueden prevenir el adulterio en la sociedad en su conjunto. (27) Además aquel entendía la lógica de los crímenes de honor como un medio alternativo de la sociedad para limpiarla de corrupción.

En una tentativa de resolver sus  desacuerdos con la cámara baja, el consejo constitucional del senado jordano puso sobre el tapete la proposición siguiente: aplicar la misma exención de pena a las mujeres que matan a sus maridos adúlteros. Sorprendentemente esta proposición, que no iba a salvar a una sola mujer del asesinato, obtuvo el apoyo de ciertos elementos de los movimientos feministas. Sin embargo, fue torpedeada por el movimiento islámico, que recusó esa igualdad en el "derecho a matar." El Jeque 'Abd al-'Aziz al Khayyat, antiguo ministro jordano de asuntos religiosos (awqaf) emitió incluso una fatua (reglamentación/decisión religiosa islámica) estipulando que la sharía no da a la mujer el derecho a asesinar a su marido si aquella lo sorprende con otra mujer. Un caso así, no equivale a un delito contra el honor de la familia, sino más bien contra la vida conyugal de la pareja, y la mujer estará, a lo sumo, autorizada a interponer una demanda de divorcio. (28) Otro político islámico, 'Abd al-Baqi Qammu, del senado jordano, añadió: "Nos guste o no, las mujeres no son iguales a los hombres en el Islam. Las mujeres adúlteras son peores que los hombres adúlteros porque la mujer determina el linaje." (29) Estas declaraciones fueron el preludio al respaldo sin paliativos de los crímenes de honor por el movimiento islamista jordano.

El debate jordano sobre el artículo 340 muestra como los representantes de tendencia moderada y proclive al consenso cierran filas con los islamistas sobre cuestiones relacionadas con las mujeres. De los ochenta parlamentarios de la cámara baja, cincuenta y cinco -principalmente vinculados con la mayoría gubernamental- presentaron una proposición con el objetivo de instaurar la sharia como ley del estado. La proposición llegaba hasta el punto de hacer de la sharia la ley en todos los terrenos y no solo en este concreto. Esto fue interpretado como un aviso destinado al gobierno y a la corona para no ir más allá en lo que concierne al artículo 340.

A finales de enero, una segunda tentativa del gobierno de presentar un proyecto de ley fue de nuevo bloqueada por la cámara baja tras una simple discusión de tres minutos.
A partir de entonces, la suerte del artículo 340 deberá ser fijada en una sesión conjunta del senado y la cámara baja en un futuro indeterminado. Sin embargo, las sesiones conjuntas mantenidas después han ignorado el artículo 340, poniendo un punto de interrogación a la decisión gubernamental de tratar  más adelante esta patata caliente.

Tercera Parte