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A vueltas con el asunto del velo ¿debe prohibirse su uso?
Por Azar Majedi

8 de noviembre de 2006
www.islamwatch.org
 
 
 
 

La cuestión del velo  se ha convertido en un asunto candente en los medios británicos. En este debate algunos principios fundamentales parecen estar en juego: la libertad individual para practicar la propia religión,  la libertad de elección, la libertad para elegir la vestimenta y la no discriminación contra una determinada comunidad, esto es, la así llamada comunidad musulmana. Los islamistas y algunos defensores de los derechos humanos mantienen que la así llamada comunidad musulmana viene siendo estigmatizada y ha estado padeciendo ataques racistas desde el 11 de septiembre. Argumentan aquellos que los últimos intentos de prohibir el burka y el niqab es una violación  más de la libertad individual y un nuevo ataque racista a los musulmanes.
Examinemos la cuestión detenidamente.

Dos acontecimientos sucesivos han llevado la cuestión del velo islámico a los medios: el comentario de Jack Straw sobre las mujeres que llevan el niqab y el caso de Aisha Azmi, una profesora de apoyo de 24 años, a la que se le ordenó quitarse el velo completo, incluyendo el niqab. Esta demandó al colegio ante los tribunales y estos resolvieron a favor del colegio, lo que la ha llevado a presentar apelación contra dicha resolución.


En mi opinión defender el derecho a llevar el velo, sea cual sea la forma o características de éste y en cualquier circunstancia, con el argumento de la libertad de elección, envuelve una falacia. Con ello se pasa por alto otros derechos, no menos importantes, reconocidos por la sociedad civil moderna. La defensa incondicional del derecho a llevar el velo aboca, cuando menos, en la colisión con otros derechos tales como los derechos de los menores, de las mujeres,  derechos de la sociedad y el principio de laicidad. Cuando se debate sobre el uso del velo uno debe tomar en consideración diferentes circunstancias. 1. La edad de la persona que lo lleva. 2. Las características del velo. 3. En  qué lugar se lleva el velo.





¿Por qué son estos factores pertinentes para la discusión?

En primer lugar y antes de nada, es importante definir que es el velo. ¿Es solo una prenda de ropa, un simple estilo de vestir? El razonamiento según el cual el velo no sería más que un particular modo de vestir es completamente engañoso. El velo responde a un rito religioso, es una costumbre religiosa. Pero además, en nuestros tiempos, se ha convertido en la bandera de un movimiento político, o más precisamente, del islam político. El velo es el símbolo del poder islámico. Donde quiera que los islamistas obtienen poder, allí fuerzan a las mujeres a llevar el velo, como un símbolo de su victoria y de su supremacía.

¿Por qué es este argumento pertinente para la discusión? Se podría argumentar que con independencia del  carácter o significado religioso o  político del velo, cada cual debería disfrutar de la libertad de usar cualquier "símbolo político o religioso" que  elija llevar. Mi respuesta a esto, y creo que también la de algunos más, es un NO rotundo. Hay que decir que en la mayoría de los países, incluidas las democracias occidentales, existen códigos sobre la manera de vestir en los lugares de trabajo y  el uso de ciertos símbolos políticos o religiosos no está permitido en el lugar de trabajo. Por lo tanto, el velo debe también ser visto desde esta óptica. El velo es el símbolo religioso y político de una religión y un movimiento que degradan y relegan a la mujer.


El velo como símbolo de la sumisión de la mujer

El velo es al mismo tiempo el símbolo y la herramienta para la sumisión de las mujeres. El islam, como de hecho otras religiones, es una ideología misógina. El islam es la emanación directa del más genuino patriarcado. El islam, en particular, debido a su idiosincrasia, penetra en todos los aspectos de la vida privada y pública de hombres y mujeres. Una mujer, de acuerdo con el islam, es una extensión del hombre y un súbdito de éste. Carece de una identidad independiente y es definida en función de su  señor. El velo ha sido prescrito para ocultar  la propiedad de los hombres a potenciales violadores. Una mujer libre, de acuerdo con el islam, es considerada un objetivo lícito y disponible, una carrera gratis.

Es pues absurdo contemplar el velo como una prenda  de moda, o una forma de vestir. Deberíamos definir el velo tal como es en realidad, y tal como funciona en la vida de muchas mujeres bajo el gobierno del islam: un símbolo de servidumbre y sometimiento.

No obstante, podría argumentarse que si uno elige una vida de servidumbre, debería tener la libertad de poder hacerlo. La sociedad civil moderna, sin embargo, ofrece una respuesta diferente  a este planteamiento. En una sociedad civil libre y moderna cuando se trata de salvaguardar los derechos humanos, los derechos de los niños o los derechos de las mujeres, existen leyes que limitan la facultad de perjudicarse a uno mismo o de renunciar a ciertos derechos o privilegios. Por esta misma razón, deberían imponerse algunas limitaciones en lo concerniente al uso del velo. Pero es aquí donde surgen los desacuerdos.  Y es aquí donde las circunstancias arriba mencionadas entran en juego.


El velo debe ser prohibido a las menores de edad

Uno de los logros de la sociedad civil moderna es la determinación de la responsabilidad que tiene atribuida dicha sociedad en la protección de los menores contra todo tipo de maltrato. Es responsabilidad de la sociedad la seguridad, felicidad, salud y normal desarrollo de los menores. Las pasadas décadas han sido testigos del enorme esfuerzo llevado a cabo por personas llenas de bondad y amor a la humanidad para establecer el concepto de derechos del niño, para que fuera reconocido el niño como individuo y no como una mera propiedad de sus padres. Es este un logro señalado  que se contradice  con la esencia de la religión. De acuerdo con el islam, el niño pertenece al padre o al abuelo que tienen incluso el derecho de quitarle la vida.  Por lo tanto, las cartas de derechos del niño vigentes en la actualidad contradicen en esencia las normas y costumbres religiosas. De hecho, aquellas anulan por completo ciertos derechos de origen religioso o "divino". Esto se ha de hacer extensivo a las niñas que viven en las comunidades islámicas.

El velo es una neta discriminación contra las niñas. Obstaculiza su desarrollo físico o mental. Las segrega del resto de la sociedad. Es una restricción para su crecimiento y futura evolución. Les asigna un rol social predeterminado en atención a su género y a la división del trabajo en función del género. En consecuencia debe ser prohibido. La sociedad está legalmente obligada a garantizar un desarrollo libre, sano y normal a estas niñas. Es un crimen desatender esta obligación. La libertad de elección es simplemente un sinsentido cuando lo que está en juego es el uso del velo por las menores de edad. "Un niño no tiene religión". Es la religión de los padres la que se impone a los niños. La sociedad debe respetar el derecho del niño a su libre desarrollo. Exactamente de la misma manera en que la sociedad reconoce el innegable derecho a la educación para todos los niños, prohíbe el trabajo de los menores y considera el maltrato a menores como un delito grave; del mismo modo debe prohibir el velo en las menores de edad. Esto debería ser incluido en todas las cartas internacionales de derechos del niño. El velo comporta un maltrato físico, mental y social de las niñas y como tal ha de ser reconocido por la comunidad internacional.


La sociedad laica contra el velo

En una sociedad laica, la religión debe ser un asunto privado de cada individuo. El estado debe estar separado de la religión y abstenerse de promover religión alguna. Una sociedad laica está en mejores condiciones para defender los derechos de los individuos y las libertades civiles. Contrariamente a lo que generalmente se piensa, el odio religioso o la estigmatización de una comunidad  puede ser evitada más fácilmente en una sociedad laica. En una sociedad laica exhibir o llevar un signo religioso cualquiera en las instituciones públicas y en los lugares de enseñanza debe estar prohibido. Actuando de este modo,  el estado y el sistema público de enseñanza no promueven ninguna religión. La religión permanece en la esfera privada y el enfrentamiento entre fieles de una u otra religión es más fácilmente evitable. Por eso, creo que la reciente legislación francesa por la que se prohíbe el uso del velo o de cualquier símbolo religioso en instituciones públicas y escuelas es un paso apropiado en la buena dirección.

No obstante creo que su principal fallo es permitir al mismo tiempo la existencia de escuelas religiosas privadas. Con ello se deja en manos de padres  de una religiosidad fanática el destino de la chica,  al poder enviarla  a una escuela privada religiosa marcando su vida con el estigma del gueto. Esto no tiene nada que ver con las libertades individuales; es  simplemente discriminación contra unas chicas a las que se las aísla  de forma considerable de la sociedad  y cuyas vidas se verán marcadas por el gueto por decisión de sus padres o de los líderes de la comunidad. La sociedad debe defender los derechos de los niños; las niñas que viven en las comunidades islámicas no son una excepción. La sociedad y el estado tienen  la responsabilidad de su desarrollo en condiciones de normalidad, salud y felicidad.





Burka o niqab, ¿derecho individual o derecho de la sociedad?


El velo presenta diferentes formas y hechuras, desde un pañuelo, hasta una prenda parecida a un vestido amplio que cubre totalmente el cuerpo de la mujer (su aspecto cambia ligeramente según el país de que se trate, o de acuerdo con las reglas de cada secta islámica) llegando finalmente, al burka o el niqab. El burka ha acabado por convertirse en el símbolo de los taliban y en la más severa restricción impuesta a la imagen femenina.

¿Debe una mujer ser autorizada a cubrir su cuerpo con esta forma extrema de velo? En  mi opinión NO. La prohibición del burka o del niqab puede fundarse en dos aspectos:1) el derecho de la sociedad y 2) los derechos de las mujeres.

En primer lugar, en mi opinión, cuando se trata del burka o del niqab se está sobrepasando la esfera de los derechos individuales. La persona que se encuentra debajo de este tipo de velo carece de identidad a los ojos de sus conciudadanos. La sociedad no puede funcionar con gente sin rostro. En un lugar de trabajo, y me refiero a cualquier lugar de trabajo, existe el derecho de los compañeros de trabajo o de los clientes a ver la cara de sus colegas o del personal. Está además en juego la cuestión de la confianza. Uno no puede confiar en la persona que cubre su cara. Los ojos y las expresiones faciales son la clave de la comunicación. Por lo tanto, el uso del burka ha de ser prohibido en los lugares de trabajo.

Creo que el asunto de la confianza y la identidad transciende al lugar de trabajo. Es igualmente importante que en el autobús, en el parque, en el lugar de esparcimiento, etc,  uno pueda ver la cara de la persona que tiene al lado. Hay casos en que la sociedad decide privar a ciertos individuos de ciertos derechos en beneficio de la sociedad en su conjunto. Por ejemplo,  se puede prohibir fumar en lugares públicos o   imponer severas restricciones a los fumadores, lo que limita los derechos individuales de aquellos, pero se justifica por el beneficio que reportará a  la salud de la sociedad en su conjunto.

En segundo lugar, manteníamos más arriba, que el velo es un símbolo y una herramienta para el sometimiento de la mujer. Esta es una de las principales razones para solicitar su prohibición en menores de edad. No obstante, admitíamos que, en una sociedad libre, el individuo tiene el derecho de elegir la sumisión, si lo hace libremente. Pero también señalábamos que existen ciertos límites en el derecho de la gente a llevar a cabo acciones que les causan un perjuicio o un daño. La circuncisión femenina, que tras una larga y dura batalla llegó a ser conocida como lo que realmente es, la mutilación genital de la mujer,  se encuentra hoy en día prohibida en la mayoría de los países occidentales. Existen muchas sectas religiosas y no todas sus prácticas están permitidas por la ley. Por consiguiente, libertad religiosa no equivale a libertad para practicar sin más cualquier mandato o uso religioso.

Creo que el burka o el niqab debería estar catalogado entre aquellas prácticas religiosas prohibidas por la ley.  El burka o el niqab priva a la mujer de toda identidad, Permitiendo su uso, admitimos la existencia de mujeres carentes de identidad que pueden circular por ahí envueltas en una especie de atuendo fantasma. Esto es un auténtico insulto a la dignidad humana. La sociedad no debería tolerar un tal  nivel de degradación y humillación de un ser humano. Es algo escandaloso. Algo así debe entrar de lleno dentro de las limitaciones impuestas por la sociedad a las prácticas autolesivas. Pero no entraremos en este debate ahora.

Tenemos que redefinir el velo. Deberíamos debatir sobre esta cuestión amplia y abiertamente. Con un poco de suerte llegaremos al acuerdo de que es necesario imponer ciertas limitaciones al velo como la prohibición de todo tipo de velo para las menores de edad o en los lugares públicos de trabajo y la prohibición total del burka y el niqab.


azarmajedi@gmail.com