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El Velo
El velo islámico a debate: Razones para prohibir su uso.-


En España, según los últimos datos oficiales, viven más de un millón de personas procedentes de países musulmanes. Se trata de una cifra lo suficientemente relevante como para que debamos plantearnos algunas cuestiones que se derivan de la convivencia con esta minoría, a fin de poder sentar unas bases justas sobre las que articularla.
Dentro de esas cuestiones una de la más importantes, según nuestro parecer, sería la relacionada con el uso del velo o hijab por las mujeres musulmanas.

En las calles de nuestras ciudades comienza a ser relativamente frecuente encontrar mujeres, y aun niñas, cuyas cabezas se encuentran cubiertas por esta prenda. Incluso es posible ver chicas veladas en las escuelas o facultades universitarias.
Sin embargo, a diferencia de lo que ha sucedido en otros países y, muy especialmente en Francia, el uso del velo a penas ha dado lugar a debate alguno en España.

Evidentemente si no fuera por que consideramos que lo que hay detrás del uso de esta prenda no es una mera observancia de un precepto religioso o  una forma de vestir más o menos tradicional, no plantearíamos la necesidad de dicho debate.

Pero es precisamente nuestro convencimiento de que este atuendo vestimentario está cargado de un profundo simbolismo y  de que el uso del velo conlleva una serie de importantes  consecuencias en el estatus de la mujer, lo que nos hace reclamar la necesidad del debate sobre la necesidad de  prohibir o, al menos, restringir dicho uso.

Para quienes se parapetan en el carácter religioso del velo resulta muy fácil eludir el debate. Chadhortt Djavan, la autora iraní del ensayo ¿Qué piensa Alá de Europa?, expresa de forma muy gráfica en esta obra como se articula esa estrategia.
 Según esta autora, las jóvenes que acudían a los platós de televisión a explicar su postura sobre el velo, al aducir como motivo  para usar esta prenda  razones espirituales, interiores y privadas, eludían que los entrevistadores pudieran profundizar sobre la cuestión. Y añade "Impresionados, intimidados o simplemente discretos - del   mundo interior, como de gustos o colores, no se discute- aquellos que las entrevistaban no les preguntaron nada más. La cuestión se limitaba a la evocación de esta interioridad que, sin embargo, se veía en la necesidad de exteriorizarse materializándose a través de un signo tan ostentoso como proselitista"

Para evitar caer en esta trampa entendemos que cualquier discusión sobre este asunto debe sacarse del contexto religioso para ser analizada únicamente desde la óptica de nuestras leyes civiles, examinando objetivamente si el uso del velo entra en conflicto con aquellas.

Pues bien, desde esta óptica, creemos que cualquier decisión que se adopte en torno al velo no puede ignorar las connotaciones que el mismo tiene ni aceptar sin más que es un simple signo religioso.
Por lo tanto es preciso analizar el significado profundo del velo.

 Y así entendemos que tras esta imposición subyace una mentalidad represora del sexo,  al que solo se considera legítimo en el seno del matrimonio. Como señala Soha Abboud-Haggar (El Mundo, 30.10.06) "El uso del velo, del hijab o de cualquier otra prenda que se ponen las mujeres musulmanas para taparse el pelo, el cuello y las partes más atractivas del cuerpo, se debe a la imposición contenida en algunos versículos del Corán y en su exégesis de que la mujer debe cubrirse para no provocar la lascivia masculina y preservarse para quien se una con ella por medio de un contrato de matrimonio"

Sobre la mujer recae toda la responsabilidad de no provocar en el hombre la más mínima tentación de índole sexual, de ahí la necesidad de que se cubra en presencia de todo hombre que no pertenezca a su estricto círculo familiar.

La mujer que no se cubre con el velo sería una especie de reclamo sexual y cualquier ataque a la misma estaría justificado.

En este sentido, las recientes palabras del guía espiritual de la comunidad musulmana de Australia,  el jeque Taj al Din al-Hilalya, resultan tremendamente reveladoras de esta manera de pensar que subyace bajo la obligación de velar a la mujer:
 "si pones carne sin cubrir en la calle, o en el jardín, o el parque, o el patio trasero, y vienen los gatos y se la comen, ¿de quién es la culpa, de los gatos o de la carne descubierta? el problema es la carne descubierta. Si la mujer hubiera estado en su habitación, en su casa, con su 'hiyab', no hubiera ocurrido el problema".

El hombre, pues, no tiene obligación de contener sus impulsos sexuales ni responsabilidad alguna si no lo hace ante una mujer descubierta mientras que la mujer solo puede ganarse el respeto a su persona negando, ocultando o suprimiendo su cuerpo o, cuando menos, la visión del mismo.
La mujer queda reducida así a un mero objeto sexual.

Pero además, el velo marca a la mujer musulmana como perteneciente a esta comunidad y, por lo tanto, queda sustraída para cualquier varón que no pertenezca a aquella
Sura 24, Versículo 31. En palabras de la autora antes citada, el velo sería la estrella de David de las mujeres musulmanas, el distintivo que las identifica como propiedad exclusiva de los musulmanes y que impediría que ningún hombre ajeno a esa comunidad pudiera acercárseles.
La que no respeta esta norma puede verse expuesta a sufrir la implacable justicia de los "tribunales de honor" compuestos por miembros de su propia familia que pueden acordar su muerte sin ningún tipo de piedad por el mero hecho de que frecuente a un hombre no musulmán, incluso en el caso de que no haya mantenido relaciones sexuales con el mismo.

Sin llegar a tales extremos, el velo tiene también otras consecuencias importantes en lo que afecta a la autonomía de la mujer y a su capacidad para disponer de su propio cuerpo. Porque, una vez criminalizado éste, señalado como lascivo y pecaminoso precisamente por ese velo o hábito que lo cubre, difícilmente podrá una mujer musulmana realizar actividades en las que éste deba exhibirse por la propia naturaleza de las mismas. Así quedará excluida de las actividades deportivas, salvo en contextos exclusivamente femeninos y de  la posibilidad de disfrutar de espacios públicos como playas o piscinas, donde la mezcla de personas de ambos sexos es la norma.

Llegados a este punto, analizada la trascendencia que esta prenda tiene en la vida de la mujer que lo lleva, la pregunta sería ¿puede sin más aceptarse su uso en una sociedad moderna y democrática, o aquel entra en franca colisión con algunos de los derechos fundamentales recogidos en nuestra constitución como serían el de igualdad y no discriminación por razón de sexo o el que garantiza el libre desarrollo de la personalidad?

En principio, se nos ocurren algunas conclusiones que nos parecen sobradamente justificadas:
1.- El burka, la abaya o cualquier otra prenda que cubra por completo el cuerpo de la mujer, dejando únicamente una pequeña franja para permitir la visión debería ser radicalmente prohibido. En primer lugar por el carácter degradante que tiene esta prenda de vestir, atentatoria a la dignidad de la mujer. Pero además por razones de seguridad pública y como contrario a las normas que regulan la necesidad de todo ciudadano de identificarse a requerimiento de la autoridad competente.
2.- Por lo que respecta al velo o hijab, que cubre la cabeza pero no la cara de la mujer que lo lleva, sería preciso distinguir entre personas mayores y menores de edad. En el caso de estas últimas lo procedente sería su prohibición radical pues una elección tan limitadora solo debe ser realizada por una persona adulta, con una voluntad bien formada y en un contexto donde la libertad de esa elección esté garantizada. Por lo que respecta a las primeras, aun en el caso de estas entendemos que el velo debería estar excluido del ámbito público y no debería ser admitido en lugares tales como universidades u oficinas de carácter público.



Y para terminar, una consideración importante: Permitiendo sin restricción este símbolo religioso no estamos defendiendo la condición de la mujer musulmana sino ayudando a consolidar la situación de inferioridad jurídica de ésta respecto del varón, además de convertirnos en cómplices de una estructura socio-religiosa que ejerce una insoportable presión sobre el colectivo femenino, haciendo ilusoria en la mayor parte de los casos la "elección" de este velo.