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Artículo de Robert Redeker
  • Este artículo, escrito a raíz de la polémica originada por la lección de teología impartida por el papa en Ratisbona, le ha valido a este profesor de filosofía el recibir fulminantes amenazas de muerte de parte del integrismo islamista, por lo que actualmente debe vivir escondido y separado de su familia.

El texto del artículo:

Le Figaro, 19 de septiembre de 2006
Robert Redeker (Filósofo. Profesor del Liceo Pierre-Paul Riquet en Saint-Orens de Gammeville)

Las reacciones suscitadas por el análisis de Benedicto XVI sobre el Islam y la violencia se inscriben dentro de los intentos que viene realizando ese Islam para ahogar aquello que de más precioso tiene el mundo occidental y que no existe en ningún país musulmán: la libertad de pensar y de expresarse libremente.

El Islam intenta imponer sus reglas a Europa: piscinas abiertas a ciertas horas exclusivamente para mujeres, prohibición de caricaturizar esa religión, exigencia de un régimen alimenticio especial para los menores musulmanes en los comedores de los institutos, combate por el uso del velo en la escuela pública, acusación de islamofobia contra los espíritus libres.

¿Qué explicación cabe dar a la prohibición del "string" en París, este verano? El argumento facilitado resulta extraño: riesgo de "alteración del orden público". ¿Significaba eso que bandas de jóvenes frustrados correrían el riesgo de volverse violentos ante la contemplación de la belleza? ¿O más bien se temían  manifestaciones  islamistas, vía las brigadas de la virtud,  asaltando las playas parisinas?

Sin embargo, la no prohibición del uso del velo en la calle parece  algo mucho más indicado para "alterar el orden público" que el string, dado el rechazo que suscita el apoyo a ese símbolo de la opresión contra las mujeres.

No está fuera de lugar pensar que esta prohibición parece translucir una islamización de los espíritus en Francia, una sumisión más o menos consciente a los diktats del Islam. O cuando menos, que aquella es consecuencia de la insidiosa presión  musulmana sobre esos espíritus. Islamización de los espíritus: esos mismos que se levantaban contra la inauguración de una plaza  dedicada a Juan Pablo II en París no se oponen a la construcción de mezquitas. El Islam intenta obligar a Europa a plegarse a su visión del hombre.
Como ocurría anteriormente con el comunismo, Occidente se encuentra bajo vigilancia ideológica. El Islam se presenta, a imagen del difunto comunismo, como una alternativa al mundo occidental. Siguiendo el ejemplo del comunismo de antaño, el Islam, para conquistar los espíritus, toca una cuerda sensible. Se jacta de poseer una legitimidad que en la consciencia occidental, siempre atenta al otro, crea confusión: la de ser la voz de los pobres del planeta. Si ayer la voz de los pobres se aseguraba que venía de Moscú ¡hoy vendría de La Meca! Hoy de nuevo ciertos intelectuales personifican este ojo vigilante del Corán, como ayer personificaban el ojo vigilante de Moscú. Así dictan excomuniones por islamofobia como antes lo hacían por anticomunismo.
En la apertura al otro, propia de occidente, se manifiesta una secularización del cristianismo, cuyo meollo puede resumirse así: el otro debe pasar siempre por delante de uno mismo. El occidental, heredero del cristianismo, es un ser que pone su alma al descubierto. Asume el riesgo de ser tomado por débil. Del mismo modo que el extinto comunismo, el Islam toma la generosidad, la apertura de espíritu, la tolerancia, el buen talante, la libertad de las mujeres y de las costumbres, los valores democráticos, por signos de decadencia.
Todo lo anterior integra las debilidades que el Islam quiere explotar valiéndose de los "tontos útiles", las buenas consciencias imbuidas de buenos sentimientos; con la finalidad de imponer el orden coránico al propio mundo occidental.

El Corán es un libro de inaudita violencia. Maxime Rodison  formula en la Enciclopedia Universalis algunas verdades tan importantes como imposibles de pronunciar en Francia. De una parte, "Mahoma mostró en Medina insospechadas cualidades como dirigente político y jefe militar  (…) Recurrió a la guerra privada, institución habitual en Arabia (…) Mahoma envió pronto pequeños grupos de partidarios a atacar las caravanas de la Meca, castigando de esta manera a sus incrédulos compatriotas y obteniendo al mismo tiempo un jugoso botín".
Por otro lado, "Mahoma aprovechó este triunfo para eliminar de Medina, ordenando su masacre, la última tribu judía que quedaba ahí, la de los Qurayza, a los que acusaba de comportamiento sospechoso. Finalmente, tras la muerte de Jadiya, contrajo matrimonio con una viuda, buena ama de casa,  Sawda, y también con la pequeña Aisha, que tenía a penas unos diez años. Sus inclinaciones eróticas, largo tiempo reprimidas, le hicieron contraer una decena de matrimonios de manera simultánea".
Exaltación de la violencia: jefe guerrero despiadado, saqueador, instigador de masacres de judíos, y polígamo, así se revela Mahoma a través del Corán.

Es cierto que la iglesia católica no está exenta de reproches. Su historia está repleta de páginas negras, respecto a las cuales ha mostrado arrepentimiento. La inquisición, la caza de brujas, la ejecución de los filósofos Bruno y Vanini -esos malpensantes epicúreos- y ya en el siglo XVIII, la del caballero de La Barre por impiedad, omitiendo cualquier defensa del mismo. Pero lo que diferencia al cristianismo del Islam es patente: existe siempre la posibilidad de retornar a los valores evangélicos, a la dulce persona que encarna Jesús frente a las desviaciones de la Iglesia.

Ninguno de los errores de la Iglesia hunde sus raíces en el Evangelio. Jesús es no-violento. El retorno a Jesús es un recurso contra los excesos de la institución eclesial. El recurso a Mahoma, por el contrario, refuerza el odio y la violencia. Jesús es un maestro del amor, Mahoma es un maestro del odio.
La lapidación de Satán, cada año en la Meca, no es más que un fenómeno supersticioso. Con ella no solo se pone en escena a una masa movida por un histerismo rayano en la barbarie sino que su significación es de carácter antropológico. Representa, en efecto, un rito al que todo musulmán es invitado a someterse, quedando inscrita la violencia como deber sagrado en el corazón del creyente.
Esta lapidación, que va seguida cada año de la muerte por aplastamiento de un cierto número de fieles, en algunos casos varias centenas, es un ritual que alimenta la violencia arcaica.
En lugar de eliminar esta violencia arcaica, a imagen del judaísmo y del cristianismo, neutralizándola (el judaísmo comienza por el rechazo al sacrificio humano -lo que equivale a la entrada en la civilización- y el cristianismo transforma el sacrificio en eucaristía), el Islam le confecciona un nido, al calor del cual aquella crecerá. Mientras que el judaísmo y el cristianismo son religiones en las que los ritos conjuran la violencia, la deslegitiman, el Islam es una religión que, en su mismo texto sagrado, del mismo modo que en algunos de sus ritos banales, exalta la violencia y el odio.
Odio y violencia habitan en el libro en el que todo musulmán es educado, el Corán.  Como en los tiempos de la guerra fría, violencia e intimidación son las vías utilizadas por una ideología con vocación hegemónica, el Islam, para imponer su plúmbeo armazón sobre el mundo. Benedicto XVI está sufriendo las crueles consecuencias de ello. Como en tiempos pasados hay que llamar a Occidente "el mundo libre" por comparación con el mundo musulmán, y como en tiempos pasados los adversarios de ese "mundo libre", celosos funcionarios del ojo vigilante del Corán, pululan en su seno.
Resumen de la ideas que expone el autor del artículo:
* La libertad de consciencia no existe en el Islam
* El Islam es un nuevo tipo de totalitarismo