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Implicaciones del precio del barril
Ann Korin
 inFocus
Verano 2008

Hace unos 10 años el líder de al-Qaeda, Osama Bin Laden se fijó como objetivo conseguir que el barril de petróleo costara 144 $, y que los ciudadanos americanos que supuestamente habían robado a los musulmanes su petróleo, pagaran a cada musulmán 30.000 $ en concepto de devolución de esa deuda.

Por aquel entonces, 144 $ el precio del barril parecía algo inalcanzable. Al tiempo de escribir este artículo Bin Laben está a 8 $ de alcanzar su objetivo. De hecho, la guerra económica,  como elemento integrante de la campaña global contra el mundo occidental, ha sido un clamoroso éxito de los movimientos yijadistas, que no podemos negar. Esto  afecta profundamente  a Occidente y a su capacidad para salir airoso de la larga guerra del S.XXI.

 Los EEUU,  profundamente involucrados  ya en la lucha contra el Islam radical, contra la proliferación nuclear y contra el totalitarismo, deben hacer frente ahora a una dura realidad.
Sus relaciones con los países musulmanes son a día de hoy endebles, sin embargo más del 70% de las reservas de petróleo  de que se tiene conocimiento, y en torno a un tercio de la producción, están concentradas en países musulmanes. Los regímenes teocráticos y dictatoriales que más enérgicamente se oponen a los esfuerzos que se hacen para llevar la democracia a Oriente Medio son las fuerzas dominantes en la economía mundial del petróleo. Mientras la economía de los EEUU se desangra, países productores de petróleo como Arabia Saudí o Irán -ambos patrocinadores del Islam radical- se han beneficiado de  asombrosas ganancias.

En 2006, los EEUU consumieron en torno a 260.000 millones de crudo y otros productos derivados del petróleo refinado procedentes del extranjero. Este año, la cifra podría sobrepasar los 500.000 millones, el equivalente al presupuesto de defensa. Tal como era el deseo de Bin Laden, los productores de petróleo musulmanes están gravando a todos y cada uno de los ciudadanos americanos, hombres, mujeres y niños.

Limitada capacidad de maniobra

El flujo de petrodólares americanos hacia las arcas de los productores de petróleo extranjeros no solo dibuja una sombra sobre las posibilidades americanas de ganar la guerra contra el terrorismo, sino que limita también la capacidad de maniobra diplomática de Washington en cuestiones cruciales, como los derechos humanos y la proliferación nuclear.

En abril de 2006, la Secretaria de Estado Condoleezza Rice declaraba lo siguiente en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado: "Debemos hacer algo acerca del problema de la energía. Puedo asegurarles que nada me ha desconcertado tanto como Secretaria de Estado como la manera en que la política de la energía está... "pervirtiendo" la diplomacia en todo el mundo. La energía está otorgando un extraordinario poder  a algunos estados que están usando esa energía de forma no precisamente beneficiosa  para el sistema internacional, estados que de otro modo carecerían de cualquier poder".

Uno de esos estados es Irán. Con el 10% de las reservas mundiales de petróleo y el segundo puesto mundial en reservas de gas, el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, se muestra imperturbable ante la perspectiva de que los esfuerzos de su país por desarrollar armas nucleares sean correspondidos con la imposición de sanciones internacionales.

El petróleo sirve también de lubricante a la autoproclamada revolución bolivariana liderada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que utiliza la riqueza derivada del petróleo venezolano para obtener influencia política y consolidar un bloque antioccidental en el hemisferio occidental.

La diplomacia americana se complica aun más debido a la inagotable sed de petróleo de las economías emergentes de China e India, dependientes de manera creciente de los mismos países que los Estados Unidos tratan de controlar. El creciente apetito petrolero no solo afianza a los países desaprensivos, sino que propicia lo que tiene visos de convertirse en una carrera por el control de las fuentes de energía. Países desaprensivos como Irán y Sudán están ahora mismo en condiciones de comprar el apoyo de un tercio de la humanidad. Pueden también comprar la protección que representa el veto chino en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con tan solo rubricar un acuerdo con el emergente  superpoder ávido de petróleo.

El timo de la OPEC

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), encabezada por Arabia Saudí, se dedica también a exprimir a los EEUU y demás países occidentales manteniendo ajustado el suministro de petróleo, de forma deliberada, a fin de sostener los precios. No es ya solo que la producción saudí sea hoy más baja que hace dos años, pese al incremento de la demanda, es que el cartel ha sacado del mercado global de petróleo dos millones y medio de barriles por día (mbd), de manera fraudulenta.

En 2007, la OPEP amplió el número de sus miembros, incluyendo a Ecuador y Angola. Ambos países juntos aportan casi 2,4 (mbd). Sin embargo, tras la entrada de estos dos nuevos países, la producción total de la OPEP ha permanecido constante, permitiendo a los miembros anteriores reducir su producción. El resultado de ello fue la reducción del suministro en la zona no OPEP, y el no incremento del mismo en la zona OPEP. De hecho, según WRTG Economics, compañía con sede en Arkansas especializada en proporcionar datos para análisis a productores de energía y consumidores, la producción de la OPEP hoy en día es virtualmente la misma que hace treinta años, pese a que el aumento de la demanda global se ha disparado por las nubes.

¿Un grano de sal?

Con el 97% de la energía para transporte dependiente del petróleo, este se ha convertido en el flujo vital de la economía de los EEUU. Sin embargo EEUU es pobre en petróleo en relación a sus necesidades del mismo. Consume uno de cada cuatro barriles que se producen, pero a penas tiene el 3% de las reservas mundiales. En estas circunstancias,  EEUU importa actualmente más del 60% de su petróleo.

El valor estratégico del petróleo deriva de su carácter de virtual monopolio como combustible para el transporte. Ni los esfuerzos por ampliar el suministro de petróleo ni los que tienden a moderar la demanda, bastarán para privarle de su valor estratégico. El monopolio que otorga un intolerable poder a la OPEP y a los países que controlan la propiedad y la producción del petróleo,  debe ser destruido.

No hace tanto tiempo que la tecnología convirtió otra materia prima estratégica en obsoleta. Hasta finales del S.XIX, la sal era vital para la economía global. Era el único medio de conservar la carne. Por ello, las minas de sal otorgaban poder a los estados. Incluso se libraban guerras por su control. Hoy en día aún importamos sal, pero sin duda alguna, no tenemos un "problema de dependencia de la sal". La electricidad, la refrigeración y los enlatados acabaron con el monopolio de la sal para la conservación de los alimentos, y por ende, con su importancia estratégica.

Nosotros debemos y podemos hacer lo mismo con el petróleo.

Etanol y Metanol

Los vehículos de hoy en día tienen una longevidad media de 17 años y, la mayoría de ellos, solo pueden circular con petróleo. Cada año, 17 millones de coches nuevos están en condiciones de circular por las carreteras americanas.

Por un coste inferior a 100$ extra por vehículo, los fabricantes de coches pueden convertir un vehículo que funciona con gasolina en un vehículo flex-fuel capaz de funcionar  con una mezcla de gasolina y una variedad de alcoholes, como por ejemplo, etanol o metanol, obtenidos a partir de diversas materias primas, tales como, productos agrícolas, desechos y carbón. De hecho alcohol no significa exclusivamente etanol y etanol no significa exclusivamente maíz.

Los vehículos flex-fluel (flex fluel vehicles, flexibles respecto al combustible que pueden usar para moverse) proporcionan una plataforma en la que los combustibles pueden competir y permiten a los consumidores y al mercado elegir la mejor materia prima o combustible basándose únicamente en la lógica del mercado. Por ejemplo China está ampliando a toda velocidad la producción del combustible alcohólico, el metanol proveniente del carbón, con lo que su industria automovilística se ha encauzado decididamente hacia el vehículo flex-fluel.

En Brasil, donde el uso del metanol está muy extendido, el porcentaje de vehículos flex-fluel, dentro del total de vehículos vendidos, se estima que será del 90% este año. Estos coches son fabricados por los mismos fabricantes que venden al mercado americano,  y ello no acarrea para los consumidores ningún menoscabo respecto al tamaño,  potencia  o seguridad de los mismos.  La proliferación de vehículos flex-fluel en Brasil ha llevado la competencia del combustible a la estación de servicio, hasta el punto de que la industria petrolera brasileña se ha visto obligada a mantener los precios lo suficientemente bajos como para poder competir con el etanol sin perder cuota de mercado.


¿Aumenta por ello el hambre en el mundo?

Llegados a este punto, es importante ocuparse de la falacia según la cual el incremento  en el uso de biocombustibles en general, y de etanol en particular, provocando un aumento del hambre en el mundo.  El principal causante del incremento del precio de los alimentos,  categoría en la que se está incluyendo desde el pescado hasta el arroz (ninguno de los cuales se usa para obtener combustible), es  el aumento brutal del precio del petróleo. Con el petróleo por las nubes se ha incrementado el precio de la distribución, elaboración y empaquetado de los alimentos.

Pese al aumento de la producción de maíz para etanol, la producción estadounidense de maíz para consumo humano y otros productos alimenticios se ha incrementado  un 34% en los últimos cinco años, y las exportaciones americanas se han incrementado un 23% anual. América está claramente haciendo la parte que le corresponde para alimentar al mundo.

Si se generaliza esa elección de EEUU por los biocombustibles importados de países en vías de desarrollo, ello ayudará a paliar la pobreza y el hambre. El azúcar, de la que puede obtenerse etanol de forma barata y eficaz, se cultiva  actualmente en 100 países, muchos de los cuales son pobres y reciben ayuda de los Estados Unidos. Creando una mutua dependencia económica con países de África, Asia y del hemisferio sur, los EEUU pueden reforzar sus vínculos con el tercer mundo, ayudar a reducir la pobreza y liberarse de la dependencia de petróleo.

Insuflar biocombustible a la economía

La Agencia Internacional de la Energía ha señalado que los biocombustibles son clave para mantener un cierto control sobre el agitado mercado del combustible para transporte.  Según Merry Lynch, sin el incremento de la producción de biocombustibles, el precio del petróleo  habría sido un 15% más alto,  lo que  al actual precio del petróleo se traduce en un ahorro de 80.000 millones de dólares al año, para la economía de los EEUU.
Algunos críticos continúan lanzando diatribas contra el programa americano de 4.000 millones para biocombustibles, por considerarlo caro. Sin embargo si con el se generaran 80.000 millones de ahorro en combustible, el rendimiento que de ahí derivaría sería de 76.000 millones de dólares. Y aun más, se inyectarían 4.000 millones de dólares a los granjeros americanos en lugar de hacerlo a los tiranos del petrodólar en Oriente Medio.

Coches híbridos con enchufe

América genera actualmente muy poca electricidad a partir del petróleo. Por ello, el uso de electricidad como combustible para el transporte permitiría usar todo un amplio espectro de fuentes de electricidad que se complementarían con el petróleo. Los vehículos híbridos eléctricos enchufables (en inglés Plug-in hybrid electric vehicles, PHEVs) pueden conseguir un consumo equivalente a un galón de gasolina por 100 millas,  sin menoscabo de su seguridad, tamaño o potencia.

La clave, no obstante, radica en cambiar nuestro planteamiento, de "millas por galón", a "millas por galón de combustible derivado del petróleo". En efecto, el problema no consiste en el consumo total de energía que realiza el vehículo sino, principalmente, en la parte de esa energía que procede del petróleo. Si un PHEV es también un vehículo flex-fuel que funciona con una mezcla de 85% de alcohol y 15% de gasolina, el consumo será de 500 millas por galón de gasolina, ya que cada galón de gasolina durará mucho más al combinarlo con otros combustibles líquidos o con electricidad.



Hora de actuar

El desarrollo a nivel nacional de  vehículos flex-fuel, o de vehículos flex-fuel híbridos, así como de  combustibles alternativos, puede tener lugar en las próximas dos décadas. Pero esta transformación no se va a producir por si sola. En un mundo perfecto el gobierno no necesitaría intervenir en el mercado de la energía. En tiempo de guerra, sin embargo, Washington está corriendo un grave riesgo al dejar al libre mercado la resolución del problema.

Cada año que pasa sin que el Congreso tome cartas en el asunto para garantizar que los nuevos coches que se venden en América sean flex-fuel, es un nuevo año en que 17 millones de vehículos solo de gasolina comienzan su nueva vida de 17 años en las carreteras de EEUU, encadenándonos a todos al petróleo extranjero.

En atención a la seguridad nacional y ante la necesidad de frenar la hemorragia de nuestra economía, el Congreso debería tomar medidas para exigir que los nuevos vehículos que se vendan en los EEUU sean flex-fuel. Instituir legalmente un Open Fuel Standard  aseguraría la libre competencia entre los distintos proveedores de energía. Todo fracaso en este intento significará que seguiremos financiando a nuestros enemigos, y permitirá que  la OPEP ejerza aun más presión sobre
la economía global.

Anne Korin

(Chair of the Set America Free Coalition and co-director of the Institute for the Analysis of Global Security (IAGS).
El contenido de este artículo corresponde a la conferencia pronunciada por Anne Korin el 6 de agosto de 2008,  para la Young Amercica's Foundation. El vídeo con la grabación en  inglés de esta conferencia está disponible  en youtube, 
http://www.youtube.com/watch?v=7MVwL2PcCG8