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¿Panceta o cerdo? por André Dufour

¿Un islam erótico?

El azar me hace descubrir una entrevista de Malek Chebel en "Tribune Juive" (Tribuna Judía) que, para estar fechada  en noviembre del 2006, no ha perdido su actualidad. Hagamos memoria, suponiendo que eso sea necesario, dados los esfuerzos denodados de ese musulmán ilustrado y tolerante que es Chebel por recordarnos su condición "pluridiplomado". Si esa palabra no figura en ningún diccionario, va siendo hora de incluirla en ellos, pues de otro modo nuestra lengua resultaría demasiado pobre para definir un personaje de tal envergadura.

Así pues, además de su diploma en psicología que no puede evitar mencionar, Malek Chebel es también historiador, entre otras cosas. Es precisamente a título de ello y para hacer promoción de su último libro, un  Kama-Sutra árabe, por lo que se presta a la entrevista con Ivan Levaï, redactor jefe de Tribune Juive. Tomen buena nota de que yo encuentro muy positivo un diálogo pacífico entre un árabe que se desmarca del islam intolerante, y un judío. Ahora bien, no al precio de hacernos comulgar con ruedas de molino.

Pues bien, mientras que por todas partes del mundo, incluso allí donde no ejerce aun su sanguinaria influencia, el Islam introduce la intolerancia, el desprecio por el Otro y el oscurantismo, incluso en los países que acogen con toda buena fe una inmigración  musulmana, Malek Chebel nos "demuestra" que el Islam, el suyo, por lo tanto el auténtico, es tolerante, abierto al Otro, es bueno, es gozoso y es erótico.

El antropólogo (otro de sus títulos) preconiza un retorno al islam original. Ese es también el objetivo de los Salafistas, Wahhabitas y otros Hermanos Musulmanes. ¿Nos engañan las apariencias en este aspecto?  ¡Pero si esos no son más que unos extraviados! sostiene Chebel.  La verdadera religión islámica originaria, hija de Platón y de su discurso sobre el amor, es una escuela de Erotismo, con una E mayúscula ¡por favor!
No siendo insensible al erotismo que prefiero al fanatismo, ya me guardaría yo de hacer objeción alguna a esa mayúscula. Nuestro historiador, antropólogo, psicólogo y otros logos, sostiene incluso que para ser un buen musulmán hay que tomar ejemplo del "Profeta" quien, en efecto, era un enamorado de las mujeres. Supongo que era un enamorado de estas como podía serlo del cordero asado: la cuestión es saber qué opina de ello el cordero. Porque todo depende de dilucidar que hemos de entender por  "amor". Yo me guardaría mucho de juzgar, aplicando el rasero de nuestra cultura,  las costumbres que prevalecían en Arabia hace ahora 14 siglos, pero dudo que "consumar el matrimonio" con la  propia nuera, con una niña de nueve años o con una cautiva que formaba parte del botín y a la que el "Profeta" le ha matado previamente el marido y todos sus allegados, sea el mejor ejemplo de Amor, con o sin A mayúscula, o de Erotismo. En el mejor de los casos se trataría de una perversión sexual. A pesar de ello me guardaré muy mucho  de emitir un juicio sobre el ideal sexual y erótico del Sr. Chebel,  convencido de que ninguna universidad me otorgaría su aval para hacerlo. Bien al contrario, el Sr. Chebel es un historiador. En esta condición indiscutible, ya que se encuentra sancionada por un diploma, el "demuestra" que el islam es una religión de la Luces y pone como ejemplo de ello una Andalucía en la  que un Maimónides podía relacionarse cordialmente con un Averroes, teniendo lugar el final de ese "periodo dichoso" en una fecha muy concreta, en 1492 con la caída del último califato de Córdoba y de Granada: "1492  sancionó la muerte de la civilización árabe-musulmana".  Y el psicólogo diplomado inicia una digresión filosófico-hermenéutico- simbolista sobre ese año que es también el del descubrimiento de América por el Occidente cristiano y el punto de partida de la dominación occidental.

En ese punto, yo creo que Chebel, por muy musulmán ilustrado que sea, de lo cual yo me alegro infinito, está reñido con la cronología. Circunstancia esta, que dentro de la norma del Islam, no supone descrédito alguno del historiador. No obstante lo cual, tengo la impresión de que el supuesto "islam de las Luces y de la tolerancia" de la mítica Andalucía estaba ya bien muerto en el año 1150, cuando huyendo de la persecución de los piadosos Almohades (por la que Averroes, al parecer, también padeció lo suyo) y ante el dilema a que le abocaron aquellos, entre conversión  o muerte, Maimónides terminó por encontrar refugio en Egipto donde los judíos gozaban de una cierta protección otorgada por Saladino (el cual era, creo recordar, kurdo y no árabe). Lo que en materia de Luces y de tolerancia supone, ni más ni menos, que un desfase de alrededor de 350 años con relación a 1492.

Es sobre todo mucho para alguien que afirmaba  hace poco, en Le Point, que siendo la historia una ciencia y no un relato, "más vale dejarla a los historiadores, formados y, sobre todo, no complacientes".  Nuestro apóstol del islam erótico y galán tenía en la mirilla señaladamente a la historiadora Bat Ye'Or culpable  no solo de sacar a la luz un hecho históricamente demostrado, sino que además resulta políticamente incorrecto evocar, a saber, la dhimitud; pero sobre todo con la circunstancia agravante de ser una mujer.

La elección en cierto modo arbitraria y subjetiva de 1492 como fecha de la extinción del islam de las Luces ¿no tendría tal vez la ventaja de atribuir la culpa del oscurantismo musulmán a la España cristiana, o más tarde a los turcos, y no al mal congénito del islam? Vaya usted a saber. Mi temor es que el Sr. Chebel historiador que suele "tomar la parte por el todo" me califique de "historiador de fin de semana" como ha hecho con otros historiadores, no menos diplomados que él, que no comparten su concepción de la historia. Quede en mi descargo que pertenezco a una generación que no podía contar, ni con el descenso del nivel de los diplomas ni con la discriminación positiva, para conseguir alguno.