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¿Habrá que negarse a ver lo que es realmente Hamas para no privar de esperanzas a Billancourt? (1)

(Editorial de Cyrano, para Risposte Laique, nº 70, 5 de enero de 2009)


Hace algunos años, me sentí interesado en una reunión pública organizada en los suburbios parisinos por la Liga de Derechos del Hombre. El tema era: La Paz en Oriente Próximo ¿Qué soluciones? Esperando aprender algo al respecto, me situé confundido entre el público, en medio de unas 500 personas. En la tribuna estaban sentados el director del debate, Daniel Mermet, el presidente de la LDH en aquel entonces, Michel Tubiana, la representante de la autoridad palestina en Francia, Leila Shahid, el representante de los Comités Palestinos, Bernard Rabéenle, y un representante de la Unión Judía Francesa para la Paz (UJFP), que se expresaba con un fuerte acento inglés.

La tribuna estuvo en el uso de la palabra durante dos horas y media. Yo me quedé estupefacto ante la coincidencia de todos los discursos. Israel era el malvado agresor, y los palestinos las inocentes víctimas. Daniel Mermet se sumaba, tras cada intervención, a esta visión maniquea. Luego, tras la última intervención pidió excusas a la sala diciendo que quedaba muy poco tiempo para el debate, y reclamó a los eventuales participantes que fueran breves. Yo me abalancé al micrófono y pedí cinco minutos.

Renuente, Mermet me concedió tres. Con cierta emoción, comencé diciendo que este conflicto estaba atizado por dos extremismos, la extrema derecha religiosa judía, y la extrema derecha religiosa islamista. Expliqué que aquellos querían un Gran Israel, libre de palestinos, y los otros querían borrar al Estado de Israel del mapa del mundo. Expresé además mi sorpresa por el hecho de que no se hubiera pronunciado ni una sola vez el nombre de Hamas. Expliqué rápidamente lo que era realmente Hamas, y la línea política que defendía. En la tribuna empezaban a moverse nerviosamente, y Mermet intentó interrumpirme, pero yo le arrebaté la palabra un  minuto más para concluir. Añadí que valoraba mucho el hecho de que en Francia, judíos y árabes hubieran podido trabajar juntos contra el Frente Nacional, en el seno de SOS Racismo, y que la solución, para el Próximo Oriente no vería la luz más que si cada uno de los contendientes aislaba a sus extremistas religiosos y defendía una sociedad laica. Terminé diciendo que deseaba que los encuentros fueran más equilibrados por parte de la LDH, para que la credibilidad del objetivo pretendido: la paz, fuera mayor. Un gran silencio acompañó toda mi intervención y continuó aun unos largos segundos durante los cuales se habría podido oír el vuelo de una mosca.

Visiblemente irritado por mis apreciaciones, Mermet pasó la palabra a Tubiana. Este comenzó a decir que el aumento de la islamofobia y el racismo en Francia era grave. Lo interrumpí diciéndole que yo no había pronunciado la palabra islamofobia, y que le rogaba que respondiera a lo que yo había dicho. Pese a que Mermet había anunciado que la reunión debía terminar en el cuarto de hora siguiente, los diferente intervinientes, no sin dificultad, lograron tomar la palabra durante la hora siguiente para responderme y justificar su silencio sobre Hamas.

¿Por qué comenzar esta primera editorial del año con esta anécdota ya antigua? Porque ilustra la deriva de toda una parte de la izquierda, política, asociativa y sindical, sobre la cuestión palestina. Por haber publicado en el número 69, la Carta de Hamas, y haberla calificado de racista, sexista y totalitaria, y por no haber abrazado el discurso compasivo políticamente correcto, nuestro periódico (leer el abundante correo de los lectores) fue objeto de reacciones extremadamente airadas, y a menudo injuriosas, por parte de ciertos discrepantes.

En opinión de algunos de ellos, nosotros seríamos unos monstruos indiferentes ante el sufrimiento de la población de Gaza, e indulgentes ante las masacres de un Estado de Israel, colonialista, racista y fascista, que quiere exterminar a los palestinos, como Hitler quiso exterminar a los judíos (sintetizando).

Que fácil sería todo si el mundo fuera así de simple. Estaría bien poder decir que fueron los fascistas los que mataron mayor número de comunistas. Pero, los hechos son testarudos, y Stalin mató a más comunistas que Hitler, y, por ejemplo, está probado que 8.000 oficiales polacos fueron ejecutados en el bosque de Katyn, de una bala en la cabeza, no por los nazis, como ha afirmado durante mucho tiempo la versión oficial, sino por el ejército rojo, lo que no quita un ápice de horror al régimen nazi.

Qué cómodo resultaría hoy en día para muchos militantes, dentro de ese mismo espíritu, explicar todos los males de los pueblos árabes por la sola culpa del estado hebreo. Sin duda hay palestinos que mueren a causa de los ataques israelíes dirigidos -no lo olvidemos- a objetivos político-militares de Hamas. Cualquier víctima civil, y más aún un niño, es una víctima de más. Pero ¿podemos por ello ignorar que Hamas reivindica la utilización de mujeres y niños como escudos humanos? ¿Ha existido alguna vez una guerra "limpia", incluso por causas justas y progresistas?¿Habrá que recordar, por otra parte, que los miles de palestinos muertos por tropas jordanas en el curso de la operación "septiembre negro", en los años 70; los muertos por millares, chiítas o sunitas, en Irak y en otros lugares, a consecuencia de atentados suicidas, alabados, dicho sea de paso, por Hamas; la muerte de varios cientos de militantes de la autoridad palestina, linchados sin proceso alguno tras el golpe de estado de Hamas en Gaza, no son obra del estado sionista? El drama de Darfur no es obra del imperialismo americano y de su aliado israelí, sino de las milicias islamistas. Decir esto no resta nada a la criminal actuación de los EEUU en Irak, sino que obliga a un enfoque de la historia un poco menos parcial y emotivo.

Junto a ello, una lectura geopolítica del mundo, como la realizada en 2005 por el general Gallois, es igualmente útil para una mejor comprensión del contexto mundial en el que se desarrolla el conflicto.

Claro está que los laicos no podrán verse reconocidos en ciertas posturas mantenidas por el Estado de Israel bajo la presión ejercida sobre aquel por algunos sectores religiosos ¿Cómo es posible que en un país de democrático se acepte que haya que casarse en el extranjero para ver reconocido un matrimonio civil? Sin embargo, si la laicidad equivale a la libertad de conciencia, no hay comparación posible entre el sistema democrático existente en Israel y la lógica totalitaria de Hamas.

Recordemos que para aquella la única solución posible en Palestina es la sumisión a Alá, la destrucción de Israel, la exterminación de los judíos y la imposición de la sharía, especialmente a las mujeres. Para una mujer, para un homosexual, para un laico, para un progresista ¿será mejor vivir según los principios aplicados en Israel o según las reglas en vigor hoy en día en Gaza?

La fascinación de toda una parte de la izquierda por los modelos totalitarios, antaño el estalinismo, y hoy día el islamismo, sublevará siempre a aquellos que, como nosotros, piensan que el combate social no puede prescindir de una visión de la sociedad en la que, además de la libertad de conciencia y los derechos democráticos, la igualdad entre hombres y mujeres ha de ser un valor con el que no se puede transigir.

Sin embargo, en virtud de una visión pretendidamente marxista que distingue entre pueblos colonizados y pueblos colonizadores, aquellos que daban prueba hace algunos años de complacencia criminal con los regímenes estalinistas, o aquellos otros trotskistas añorantes del muro, reproducen hoy en día este error intolerable, viendo en Hamas ahora, o en Hezbolá antes, a los representantes de los pobres y de los oprimidos, como demuestra el novelista Thierry Jonquet en un magnífico texto publicado hace algunos años.

Es curioso comprobar, por otro lado, como esta ceguera ha conducido a esa facción de la izquierda a combatir, a veces incluso virulentamente, la campaña a favor de una ley sobre los símbolos religiosos en la escuela. Son esos los mismos que cierran los ojos, en el día a día, ante la ofensiva del Islam en Francia y en Europa, contra la laicidad, la República y las mujeres ¡Qué pueden ellos responder a Sarkozy cuando este defiende la laicidad positiva (2), si ellos mismos vienen defendiendo estas tesis desde hace 20 años! ¿Se han dado cuenta ustedes de que apenas se les oye decir nada sobre las provocaciones de Dieudonné  (3) cuando cede la palabra a Faurisson (4)?

 Algunos piensan que el factor fundamental en una sociedad democrática sería la cuestión social y el reparto de la riqueza. Y piensan que el hecho de posicionarse del lado de los pobres y los oprimidos les otorga plena libertad en relación a nuestros principios republicanos. Pues  bien ¡no!

No se puede mantener un proyecto de sociedad común con personas que secundan la ofensiva de los fascistas islamistas, por mucho que estos últimos digan cosas justas sobre el reparto de la riqueza y las escandalosas desigualdades sociales.

Nosotros no deseamos vivir en un país en el que haya cada vez más enclaves musulmanes que difundan, en nuestro propio territorio, la propaganda de Hamas y su proyecto de sociedad fascista.

No deseamos ver como las mezquitas invaden de forma progresiva el espacio público, menos aun cuando son pagadas con nuestro dinero.

Tampoco tenemos ningún deseo de oír a los religiosos judíos reclamar normas particulares para la escuela en sábado, ni a las restantes iglesias reclamar ciertas acomodaciones razonables a los principios de la ley de 1905. (5)
 
Lo que nosotros constatamos es que muchos de los que, hoy en día, acusan a Israel de crimen de guerra y se manifiestan contra ello (sin preocuparse de la bicoca que eso representa para los locos de Alá), no salen a la calle cuando los atentados suicidas causan miles de muertos en Estados Unidos, en Gran Bretaña, en Francia, en España, en Argelia, en Marruecos, en Túnez, en Egipto, en Irak, en Indonesia, y en todos los lugares del mundo donde la cultura de la muerte impone su crueldad, en nombre del profeta. Que se fastidien los musulmanes y los pueblos árabes, primeras víctimas de este fascismo religioso; no hay que desviar a las masas del único y verdadero combate: el combate contra el imperialismo americano y su aliado sionista. De ahí que en las manifestaciones las banderas de Hamas se codeen con las del PCF (Partido Comunista Francés) o de la LCR (Liga Comunista Revolucionaria).

Antaño hubo que guardar silencio sobre la realidad de los regímenes estalinistas, para no privar de esperanzas a Billancourt y no desviar a las masas laboriosas de su combate contra el estado burgués. Más adelante, en nombre del pesimismo revolucionario, se dijo que no había que luchar contra la Alemania nazi, mientras aquella ocupaba Francia  ¡porque eso hubiera supuesto favorecer imperialismo de esta!

¿Para cuando un poco de buen sentido y el reconocimiento de que la defensa de los valores laicos, feministas, humanistas y democráticos es mucho más importante que una visión ideológica del mundo en la que se acaba por defender a los fascistas religiosos so pretexto de que estos defienden a los oprimidos  (quienes, por otro lado, les importan un comino, siendo su único objetivo el extender la yihad por el mundo entero).

Como escribía recientemente Henri Guaino, decididamente, a menudo, las etiquetas impiden pensar.


Notas del Traductor:


(1)        Suburbio industrial del oeste de París, con una alta tasa de población inmigrante.
(2)        La "laicidad positiva"  reconoce la contribución de la religión a la cultura, la historia y la        sociedad francesa. Por ello esta tesis es partidaria de dar cabida a la religión en el discurso público así como de la financiación pública de grupos religiosos. Se diferencia pues del actual concepto legal de laicidad, vigente en Francia, contrario a esas prácticas.
(3)        Actor y humorista francés de origen congoleño, conocido por su antisemitismo y sus paradójicas simpatías por el Front national de Jean Marie Le Pen, con el que ha acabado confluyendo, merced a las posiciones antisistema que ambos comparten.
(4)        Profesor de literatura, de nacionalidad francesa, aunque residente en Inglaterra, conocido por sus tesis negacionistas sobre el Holocausto nazi.
(5)        Ley francesa de 9 de diciembre de 1905 que establece una estricta separación entre religión y estado.