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Le Figaro, 2 de noviembre de 2006
Entrevista a Philippe de Villiers, presidente de Mouvement pour la France

Le Figaro.- ¿En qué hechos concretos está pensando usted cuando afirma que el islamismo amenaza la laicidad en nuestro país?
Philippe de Villiers.- La actualidad nos demuestra cada día el avance del comunitarismo islámico en Francia. Hojeemos la prensa de las últimas semanas: un profesor de filosofía, Robert Redeker, amenazado de muerte por haber criticado el Islam, el prefecto de Seine- Saint-Denis que escribe al ministro del Interior: "Los jóvenes (…) se encuentran  cada vez más fuertemente manipulados por el Islam, y sin duda alguna,  por el más integrista. (…) En cada nuevo despertar de la agitación en tal o cual ciudad, se observa casi sistemáticamente desde el principio que son los "barbudos" los que han tomado el relevo en la gestión local". Sería irresponsable negar la evidencia: el problema no hace más que empeorar.

¿Qué es lo que preconiza usted?

Hace falta un signo de fortaleza. Francia debe imponer sus valores. Los musulmanes son sin duda libres de practicar su fe, pero deben respetar las leyes de la República y nuestra forma de vida. Yo propongo la prohibición del velo islámico en la calle y en los espacios públicos. El velo islámico es el símbolo de la sumisión de la mujer y un atentado contra su dignidad. Es también un obstáculo para la integración en la comunidad nacional y un instrumento utilizado por los activistas que atacan los fundamentos de la República.

¿Su proposición es compatible con la jurisprudencia del Consejo constitucional en materia de libertades públicas?

En el estado actual del derecho francés, no hay solución para situaciones escandalosas como las que denunciaba el informe Stassi sobre la laicidad, en diciembre de 2003, en los siguientes términos:
"Algunas mujeres o chicas jóvenes llevan el velo de manera voluntaria, pero algunas otras se lo ponen bajo amenaza o presión. Hay incluso niñitas  preadolescentes a las que se obliga a llevar el velo, a veces usando la violencia". Y el informe Stassi añadía:
"Las jovencitas, una vez ataviadas con el velo, pueden introducirse en las escaleras de los inmuebles comunitarios sin miedo a ser abucheadas, como lo eran antes, con sus cabezas descubiertas. El velo les ofrece de este modo, paradójicamente, la protección que debería garantizarles la República" . ¿Vamos a continuar mirando para otro lado?

¿Cuáles son las soluciones adoptadas por nuestros vecinos?

En Bélgica, el Parlamento regional de Flandes ha prohibido el uso del velo en la vía pública. En Holanda, el tema ocupa el primer lugar de interés en la prensa escrita. La ministra de la Inmigración, Rita Verdonk, se ha declarado favorable a esta medida. Algunas ciudades como Utrech han acordado la misma medida. En Alemania, el secretario de estado de Integración ha tachado el velo islámico de "símbolo de aislamiento, e incluso de opresión, cuando es impuesto a mujeres jóvenes y adultas". Nosotros somos el único país europeo donde no se permite el debate. Cuando hasta Tunez acaba de prohibir el uso del velo islámico en todos los espacios públicos…

¿No teme ser acusado de incendiario?

Al contrario ¡no hay que confundir al bombero con el pirómano! Según una encuesta publicada el 17 de agosto por la muy seria institución de encuestas americana Pew Research Center, el 46% de los musulmanes franceses consideran más importante su pertenencia al Islam que a Francia. Nos encontramos ante un problema, no de índole religiosa, sino eminentemente político. En mi libro, Les Mosquées de Roissy (Las Mezquitas de Roissy), aparecido el pasado mes de abril, yo había desvelado la existencia de mezquitas clandestinas y la red de mozos de maletas islamistas en el aeropuerto de L'Île de France.
En ese momento, numerosos medios y la casi totalidad de los políticos no me creyeron. Sin embargo, seis mese más tarde ¿qué tenemos? ¡El ministro del interior admite la existencia de lugares de culto clandestinos en Roissy, se esfuerza por clausurarlos, e intenta retirar su habilitación a los mozos de aeropuerto que trabajan en zonas reservadas! Los hechos me dan la razón. De la misma manera, sobre el velo islámico yo no hago más que decir lo que piensan nuestros conciudadanos. No es Francia la que se tiene que adaptar al Islam, es el Islam el que se tiene que adaptar a Francia. Esta será una cuestión fundamental en las elecciones presidenciales de 2007: yo soy el único que ha roto el tabú y el más decidido defensor de la República contra el comunitarismo.