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Artículo del difunto Jacques Ellul, aparecido en el semanal Réforme, el 15 de julio de 1989:

No es un signo de intolerancia religiosa; yo diría si, tranquilamente, al budismo, al brahamanismo, al animismo..., pero el islam, es otra cosa. Se trata de la única religión del mundo que pretende imponer,  mediante la violencia, su fe al mundo entero.

Ya sé que enseguida se me responderá: ¡"Y el cristianismo también"!
Pues bien, hay una diferencia fundamental.

Cuando los cristianos actuaban de manera violenta y hacían conversiones mediante la fuerza, iban en sentido opuesto a lo dicho en la Biblia, y particularmente en los Evangelios.  Aquellos hacían lo contrario a lo establecido en los mandamientos de Jesús, mientras que cuando los musulmanes conquistan a través de la guerra a pueblos a los que imponen el islam so pena de muerte, están obedeciendo el mandato de Mahoma.

La yihad es la primera obligación del creyente. Y el mundo entero debe entrar a formar parte de la comunidad islámica, por todos los medios.

Ya sé que se me objetará: "Pero son solo los integristas los que quieren esa guerra."

Desdichadamente, en el curso de la compleja historia del Islam, han sido siempre los "integristas", es decir los fieles a la letra del Corán, los que se han impuesto sobre las corrientes moderadas, sobre los místicos, etc.

Declarar con toda seriedad que en Francia la adhesión de "ciertos musulmanes" al integrismo es el resultado de una crisis de identidad, supone una desastrosa interpretación.

¿El integrismo en Irán, en Siria, en Sudán, en Arabia Saudí, ahora en Argelia, es acaso una reacción a una crisis de identidad?

No, el integrismo es tan solo el despertar de la conciencia religiosa musulmana en hombres que son musulmanes pero que habían evolucionado hacia una cierta "tibieza".

Ahora, ese despertar feroz y ortodoxo es un fenómeno mundial. Hay que estar en la luna para creer que se podrá "integrar" a musulmanes pacíficos y sin afanes conquistadores. Haría falta olvidar lo que es la condición remanente del sentimiento religioso (algo que no puedo desarrollar aquí). Habría que olvidar la referencia obligada al Corán. Habría que olvidar que jamás para un musulmán el estado podría ser laico y la sociedad estar secularizada: es algo impensable.

Haría falta olvidar finalmente cómo se ha producido la expansión del Islam de los siglos VI al IX. Un estudio de los historiadores árabes de los siglos VII al IX, que se empieza a conocer ahora,  es sumamente instructivo al respecto: a través de él sabemos que el islam se expandió en tres etapas por los países cristianos de África del Norte y del Imperio Bizantino. En una primera etapa: una infiltración pacífica de grupos árabes aislados, instalándose sin violencia. Después una especie de aclimatación religiosa: se hacía admitir pacíficamente la validez de la religión coránica. Y lo que resulta aquí particularmente instructivo  es que son los cristianos los que le abren los brazos a la religión hermana, sobre la base del monoteísmo y de la religión del Libro; y, posteriormente, cuando la opinión pública está acostumbrada, entonces llegaban los ejércitos que instalaban el poder islámico e inmediatamente eliminaban las iglesias cristianas empleando la violencia para lograr las conversiones.

Nosotros comenzamos a asistir a este proceso en Francia (los otros países europeos se defienden mejor). Pero es soñar despierto presentar un programa de federación islámica en Francia, para conseguir una mejor integración de los musulmanes. Esto será, por el contrario, el comienzo de la integración de los franceses en el islam.

La única medida jurídica válida es la de hacer firmar a todos los inmigrantes un contrato que comporte: el reconocimiento del carácter laico del poder, la promesa de no recurrir jamás a la yihad  (en particular de forma individual; terrorismo, etc.), la renuncia a la difusión del islam en Francia. Y si un inmigrante, árabe o no, desobedece estos tres principios, entonces, que sea inmediatamente repatriado a su país.


Jacques Ellul, jurista, historiador, teólogo, sociólogo, murió en 1994. Durante su vida publicó más de 600 artículos y 48 libros, traducidos a una docena de lenguas, y más de la mitad de ellos al inglés. De 1953 a 1970 fue miembro del Consejo Nacional de la Iglesia Protestante Reformada de Francia. Profesor de Historia y Sociología de las Instituciones, en la Universidad de Burdeos, su obra incluye estudios sobre las instituciones medievales de Europa, el efecto de la tecnología moderna sobre la sociedad contemporánea, así como sobre teología moral. Obtuvo el reconocimiento de círculos académicos americanos como uno de los más importantes pensadores contemporáneos.