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La corrección política: incubadora del islamismo
Por Amil Imani
14 de febrero de 2007


Una y otra vez oímos decir a los "expertos" en corrección política que no debe preocuparnos que el Islam pueda plantear un problema para nuestro modo de vida. Se nos repite que solo  hay una minoría irrelevante de musulmanes alborotadores que están dando mala fama a la gran masa de pacíficos musulmanes. Se nos informa también de que aquellos terroristas, que coincide que son musulmanes, son los jóvenes y marginados. Por tanto no hay de qué preocuparse, pues siendo la juventud algo efímero que desaparece con la edad los rebeldes se apaciguarán, como siempre sucede.

Con  tan poderosas certezas, provenientes de tanto sabelotodo con relevancia pública, podemos dormir a pierna suelta sin necesidad de somníferos. Después de todo, la gente  llega a la conclusión de que estos eruditos son "expertos" cuya profesión consiste en saber y contar lo que saben tal cual. Los que expresan un punto de vista contrario a aquellos deben ser un puñado de racistas y alarmistas que propagan el odio. ¿Quien tiene razón?

¿No sería más prudente dejar que los hechos sitúen el problema, antes que aceptar a ciegas una u otra postura? Sin duda eso sería lo correcto, salvo por una importante razón.  Ante las amenazas, la gente suele recurrir al botiquín de los psicofármacos y  tomarse unas cuantas píldoras para negar la evidencia y racionalizarla, del mismo modo que recurren al tarro de  las aspirinas cuando el dolor de cabeza les golpea. ¿Y por qué no? Somos la especie de la comodidad. Nos encantan las soluciones que no requieren esfuerzo, rápidas y simples. Y eso no es algo necesariamente malo. Gracias a ello tenemos un montón de aparatos que nos ahorran trabajo y tiempo.

Ahora bien, el problema del Islam es demasiado real y amenazador. Ni los pronunciamientos de los expertos ni las píldoras tranquilizantes harán que desaparezca. Está aquí y exhibe cada día signos de que se nos viene encima. Echemos un vistazo a algunos de esos hechos:

       * No todos los musulmanes llevan un cinturón de explosivos listo para ser detonado en medio de una multitud de personas inocentes, sin embargo existen más voluntarios para esa misión que cinturones explosivos. La República Islámica de Irán, por ejemplo,  no habría acogido oficialmente esta forma de yihad. Sin embargo, según sus propias declaraciones, cuenta con 10.000 voluntarios ya preparados para ser movilizados y miles más haciendo cola para apuntarse. La próxima vez, el yihadista camino del paraíso de Alá puede venir provisto de una maleta de bombas sucias, en lugar del cinturón de explosivos. Recuerden que se necesitaron solo 19 de estos asesinos para lanzar el ataque aéreo que mató a 3.000 personas, hizo añicos nuestro confiado modo de vida y originó un coste de miles de millones de dólares.
        * Los yihadistas no son únicamente una minoría de jóvenes marginales. ¿Qué edad tienen Bin Laden, su segundo de a bordo, el mortal doctor Al Zawahiri, el mulá Omar de los Talibanes, Jamenei o Rafsanyani de Irán, por citar solo agunos? ¿Cuán marginados son? Mohamed Atta, líder de los 19 terroristas aéreos, o el autor de la decapitación del periodista del Wall Street Journal, Daniel Pearl, eran algo más jóvenes, pero gente bien situada y educada en occidente.
        * ¿Con solo recurrir a términos del tipo de "Melting-Pot" o "Multiculturalismo" vamos a resolver el problema? ¿Desplegando la alfombra roja para los inmigrantes musulmanes, tratándolos como a nuestros propios conciudadanos, concediéndoles subvenciones, seguro médico y educación gratuita haremos que se integren sin fisura alguna en la sociedad? No ciertamente. La idea de Meltin-Pot  puede funcionar con gente que viene de diferentes partes del mundo con la intención de hacer del país de acogida su hogar. Los islamistas, sin embargo, llegan con la creencia de que el país en cuestión ya les pertenece y quieren convertirlo en parte de la Umma. Algo así como el 40% de los musulmanes británicos de segunda y tercera generación rechaza la democracia británica, expresa su fidelidad al Islam y desea vivir regido por la Sharía. Demasiado como para arreglarlo con el cómodo recurso al Melting-Pot.
        * La nueva oleada de islamistas se beneficia de las disposiciones establecidas por el más benigno de los sistemas conocidos por la humanidad, la democracia, para hacer que esta se desplome desde dentro. Los musulmanes, por una simple cuestión numérica, se encontrarán pronto en situación de votar contra la democracia en muchos países. De hecho ya han comenzado a hacerlo, poco a poco y por partes. En un cierto número de países han ido imponiendo sus valores, aun siendo minoritarios. Políticos ávidos de votos y proclives a la corrección política adoptan medidas reaccionarias para acceder a las pretensiones de los islamistas.
       *  En cuanto al multiculturalismo, este es aún más ilusorio que el mito del Melting-Pot. Es una píldora tranquilizante de segunda generación. Una vez  que el Melting- Pot  demostró ser menos eficaz que un simple placebo, la corrección política nos facilitó la nueva píldora. Una mirada sobre Europa nos mostrará hasta qué punto el multiculturalismo ha funcionado, de hecho, como una incubadora del islamismo en todo momento. El multiculturalismo europeo está generando a toda velocidad un uniculturalismo, suponiendo que el medieval modo de vida islámico pueda ser elevado a la dignidad de cultura.
       * El respeto por la diferencia, la separación entre iglesia y estado, la libertad de creencias y de expresión, son los pilares de la democracia, pero anatema para el islam. En ningún territorio islámico encontraréis una organización ecuménica. Es únicamente en  países no islámicos donde musulmanes expertos en el uso descarado del doble lenguaje, ya se trate de imanes, mulás o agitadores habituales de la causa islámica,  participan beatíficamente en bienintencionados encuentros ecuménicos.
        * Para los musulmanes ninguna religión que no sea la suya merece reconocimiento, y menos aún gozar de una presencia real. No hay una sola iglesia, sinagoga o templo budista en toda Arabia saudí. Están prohibidos. La retahíla de progroms genocidas llevados a cabo por la República islámica de Irán incluye la odiosa práctica de pasar las apisonadoras por encima de los cementerios de su minoría religiosa Bahai. La tiranía islámica de los mulás dispone el ingreso en prisión de los cristianos por celebrar la navidad. Egipto niega a sus propios ciudadanos el documento de identidad por negarse a ocultar o mentir sobre su creencia religiosa o la falta de ella. Los documentos de identidad son necesarios para  la escolarización, los contratos de trabajo, para recibir atención médica y prácticamente para ejercitar cualquier derecho ciudadano. Sin ella, un ciudadano está literalmente condenado a una muerte lenta.
        * En el islam solo los hombres musulmanes, y en menor medida las mujeres musulmanas, son titulares de ciertos derechos. Los no musulmanes, incluida la llamada gente del libro, es decir, cristianos y judíos, son en el mejor de los casos súbditos de segunda categoría que deben pagar la costosa yizia, tasa impuesta a los mismos, por el "pecado" de no convertirse al islam. Así, a medida que el islam  avance en nuevos países, a medida que su parroquia vaya creciendo gracias al alto número de nacimientos y conversiones, las democracias laicas serán inevitablemente reemplazadas por el islamismo con sus normas de la edad de piedra integradas en la sharía. Todo lo más que el islam ofrecerá será respetar las vidas de los no musulmanes siempre que se sometan de por vida al duro yugo de la yizia.
        * ¿No hay pues razones para preocuparse por lo que está sucediendo en la otra parte del mundo?  Si los musulmanes se comportan de manera odiosa con los no musulmanes ¿será solo el modo en que las cosas suceden en esos países y nada de lo que debamos preocuparnos demasiado? Esta es precisamente la actitud que ha originado  que la deriva hacia  la islamización de Europa se encuentre en una vía aparentemente irreversible. Un país europeo tras otro va rápidamente cediendo ante el peso del islamismo.
        * Y aun más importante ¿no hemos de preocuparnos por la islamización de nuestro país? Algunos de vosotros pensaréis que, al fin y al cabo, los musulmanes constituyen una minoría de 6 o 7 millones en un país en un país de cerca de 300 millones; incluso dentro de esa minoría un número aun menor de ellos son radicales fanáticos, mientras que la mayoría son gente como los demás. Sin embargo las minorías, aun las insignificantes, pueden desbordar a la mayoría usando la coacción y la fuerza letal. Los islamistas son conocidos por su recurso a la fuerza para conseguir sus propios fines. Los Talibanes representaban un grupo muy minoritario en Afganistán y los islamistas una pequeña facción en la Revolución Islámica de Irán en 1979. Pero ambas se impusieron sobre la masa e instauraron su régimen de terror. El grupo terrorista Hamas es también "una minoría" en número de componentes, sin embargo gobierna en el Territorio Palestino. Hizbollah en el Líbano es también minoritaria, no obstante lo cual ha llevado al país al borde de la destrucción.
       * Los islamistas son la locomotora del islam que conduce la carga destructiva del tren islámico por su senda de demolición. El islam y la democracia son incompatibles. Cuando las democracias practican el autoengaño para sentirse seguras, de forma  consciente o inconsciente, dejan la vía expedita para el avance del destructivo tren del islam. Nosotros, en los EEUU de América debemos oponer resistencia al islamismo mientras siga cobrando auge, a menos que queramos acabar estando en la misma posición que los europeos.
       * Por el contrario, lo que necesitamos nosotros, en los EEUU, es iniciar una campaña global, en el terreno legal, educativo y social, que erradique la letal plaga del islam. Actuando de manera efectiva salvaremos incluso a los musulmanes pacíficos de su propia carga. No estoy incitando al odio. Me llenaría de felicidad ver a todos los musulmanes convertidos en ex-musulmanes, actuando como miembros de pleno derecho en una sociedad democrática, diversa y tolerante. El islam es un mal pandémico altamente contagioso y virulento que requiere de forma urgente ser frenado.

Europa  está  ya seriamente infectada por el islamismo. Es el canario de la mina de carbón. Nos está diciendo que la próxima parada es América. No debemos sacrificar nuestro preciado modo de vida y las vidas de nuestros hijos en el altar de la corrección política: la incubadora del islamismo.


Amil Imani is an Iranian born, pro-democracy activist who resides in the United States of America. He is a poet, writer, literary translator, novelist and an essayist who has been writing and speaking out for the struggling people of his native land, Iran. Amil Imani's Home Page:
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