Inicio
Carta abierta a los candidatos a las presidenciales  del 2007

Por Arezki Bakir y Nafa Kireche

A todos aquellos y aquellas candidatos y candidatas a la presidencia de la República Francesa.

Ante todo nos presentamos: Señores Arezki Bakir, 29 años y Nafa Kireche, 34 años.
Ciudadanos de la República francesa, asistimos impotentes al auge del comunitarismo, fundamentalmente musulmán.

Sintiendo gran apego por la República y sus valores de laicidad,  de igualdad de oportunidades y de libertad, deseamos dar la voz de alarma sobre el grave error que muchos de ustedes cometen: ¡considerar a todos los ciudadanos originarios del Norte de África como sujetos religiosos y no como ciudadanos!
Si el comunitarismo implica que los individuos se reagrupen en torno a sus especificidades y que los poderes públicos les reconozcan en tanto que tales, podemos concluir que los heraldos del comunitarismo musulmán en Francia han ganado la partida.
Se ha dado vida a inventos comunitaristas (CFCM, UOIF...) para que hagan de portavoces de una supuesta comunidad musulmana homogénea, con pleno desprecio de la constitución francesa.

Rebelándonos contra ese hecho consumado, deseamos que sea oído nuestro propio grupo (que es el de la mayoría silenciosa de ciudadanos originarios del Norte de África) a fin de evitar que se realice amalgama alguna entre nosotros y esos grupos religiosos que  no paran de hacer aspavientos.
Como ciudadanos franceses que somos queremos inscribirnos en la misma recta línea que las precedentes olas migratorias (polacas, italianas, ibérica...) y no reclamamos absolutamente ningún favor (reconocimiento de nuestras especificidades), o privilegio (discriminación positiva).

Nosotros queremos ni más ni menos que los mismos derechos y los mismos deberes que el resto de nuestros conciudadanos.

Se ha cometido un gravísimo error confinando en lugares específicos a las poblaciones originarias de África. La ausencia de mezcla social ha provocado en ellos un acto reflejo de carácter comunitario, un repliegue hacia si mismos y hacia valores del todo opuestos a los de la República.

Los jóvenes han crecido en estas zonas alimentando un rechazo hacia la sociedad francesa, idealizando su identidad de origen y cultivando comportamientos violentos así como códigos lingüísticos que se han convertido en auténticos obstáculos para su integración (principalmente profesional) y todo ello al mismo tiempo que suscitan el miedo y el rechazo de una parte cada vez mayor de la población francesa, exasperada por la chulería de algunos de ellos.

Los ciudadanos franceses se han visto, todos ellos, conmocionados y marcados por los recientes "sucesos" de los barrios periféricos, durante los cuales  los actos más brutales, las provocaciones más gratuitas y el odio más abyecto se han manifestado bajo la mirada condescendiente y protectora de ciertos actores políticos y sociales que han seguido considerando a los gamberros como víctimas de la sociedad merecedores, por ese título, de la mansedumbre de los poderes públicos.

Esta lectura de los hechos, que mantiene la cabeza de los jóvenes delincuentes bajo el agua y se niega a enfrentarlos a sus propias responsabilidades, muestra hasta que punto es difícil para ciertos actores políticos y sociales considerar a los individuos salidos de esta ola migratoria como ciudadanos completos que disponen de derechos pero igualmente de deberes.

Al no insistirse lo suficiente sobre los deberes del ciudadano, el discurso victimista elevado al rango de eslogan político continua produciendo efectos desastrosos en la sociedad francesa...

Los jóvenes que se han hundido en la delincuencia y la marginalización social son una presa ideal para los ideólogos del islam más radical.

Proclives a un discurso engañoso que les adula y les otorga el sentimiento de existir en tanto que miembros de una comunidad, aquellos son, cada vez más, objeto de adoctrinamiento y se alejan de manera casi irremediable de los valores de la República.

Reconfortados por un discurso dominante de autoflagelación perpetua y por el aval implícito de los que detentan el discurso victimista, los jóvenes desprecian un país que se desprecia a sí mismo.

Y, por extensión, aquellos idealizan un país de origen que desconocen y  que en la mayoría de los casos, no tiene más que miseria, sufrimiento y represión para ofrecer a sus habitantes.

¿Cómo no inquietarse de este estado de cosas cuyos peligros implícitos nadie parece calibrar?

Nosotros, que hemos salido de esta ola de inmigración y nos sentimos presa del comunitarismo, queremos proponer otro camino diferente al de la infantilización de la comunidad que se nos atribuye por comodidad: la comunidad musulmana (de hecho norte-africana).

Esta comunidad, parte integrante de la nación, no tiene sin embargo que reclamar ventajas particulares en tanto que tal.

La República no reconoce más que a los individuos y a una sola comunidad: la comunidad nacional.

Cuando escuchamos a algunos autoproclamados  representantes de los "musulmanes de Francia", reclamar la construcción de más mezquitas siendo así que la mayoría de los musulmanes no reclama nada y que, incluso, una parte nada despreciable de ellos, entre los que nos contamos nosotros, es atea, agnóstica, o simplemente indiferente, comprendemos hasta que punto la clase política francesa está bajo el dominio de los teólogos musulmanes y acomplejada por el islam.

No solo la construcción de nuevas mezquitas financiadas por el estado no es algo deseable sino que, según nuestro criterio, el dinero utilizado para esos proyectos debería, por el contrario, ser utilizado para la construcción de lugares de esparcimiento, de espacios pedagógicos que sirvan para sacar a la juventud de los barrios periféricos del impasse oscurantista y les reintegre a la República laica.

Frente a estas reivindicaciones religiosas el arma de la laicidad debe ser utilizada sin ningún complejo y sin ninguna concesión

¿Qué decir del escandaloso antisemitismo o del racismo anti-occidental  que manifiestan sin recato algunos jóvenes "musulmanes"? ¿Cómo aceptar que el ciudadano judío, o de origen judío, esté sistemáticamente en el punto de mira de los jóvenes bajo influencia del islam? ¿Cómo aceptar que un conflicto exterior (palestino-israelí) se importe a nuestro país para así alimentar el odio anti-judío?

¿No hay ahí un racismo totalmente silenciado y que parecen ignorar ciertas personalidades que se autodenominan "anti-racistas" (de hecho comunitaristas) como Mouloud Aounit?

¿Porqué no reconocer que la mayor parte de las personalidades u organizaciones que han hecho de la lucha contra el racismo su razón de ser no hacen otra cosa, en general,  que defender su camarilla frente a otras?

¿Porqué no reconocer que el anti-racismo institucionalizado no es más que la institucionalización del comunitarismo?

Para concluir, deseamos, en nombre de la libertad de expresión, dar nuestro apoyo a Robert Redeker, a Ayaan Hirsi Alí y a todos aquellos, periodistas, artistas, intelectuales, hombres y mujeres de la política o simples ciudadanos, que luchan para que los fundamentalismos no ganen el áspero combate que los opone a la libertad.

Señoras y Señores candidatos, no queremos que Francia se convierta en una yuxtaposición de comunidades antagónicas. Lo que queremos nosotros es poner nuestras singularidades al servicio del país.

Pero debemos poner estas singularidades al servicio de nuestra ciudadanía y no nuestra ciudadanía al servicio de nuestras singularidades.

Francia representa nuestro porvenir y no queremos asistir silenciosamente al proceso de desmantelamiento de la República.

                                         ¡Viva la República, viva Francia!

Arezki BAKIR y Nafa KIRECHE,  24/11/2006
Para consultar texto original, pulsar aquí
Incluimos en la presente sección la carta que dirigen dos jóvenes franceses al futuro presidente/a de la República francesa. Se trata de un interesante documento del que cabe destacar los siguientes aspectos:
1º  Es un grito de alarma contra el comunitarismo que se va imponiendo en Francia a causa de la cesión de los políticos franceses a los representantes del islam político.

2º Es también una firme protesta contra la pretensión de los líderes de ese islam político de convertirse en portavoces de todas las personas de origen musulmán o norteafricano, que, de este modo,  quedan definidas por la religión, aunque no sean practicantes o incluso, ni siquiera creyentes.

3º Es una exigencia para que los norteafricanos o musulmanes sean tratados como los restantes ciudadanos de la República francesa, con los mismos derechos y obligaciones, y sin privilegios por razón de su origen, que a la larga se vuelven en su contra pues los encierran en el gueto musulmán e impiden la integración.