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La apostasía en el Islam: el camino de no retorno
Abdullah Al Araby, 4 de septiembre de 2008, kabyles.net


Durante catorce siglos, los musulmanes se las han arreglado para ocultar al resto del mundo algunas de sus enseñanzas más escandalosas. El engaño se escondía tras  barreras lingüísticas, culturales y geográficas. La tecnología moderna  y los nuevos medios de comunicación han complicado a los musulmanes la ocultación de ese lado oscuro del Islam. Los defensores del Islam, en particular en Occidente, se ven ahora confrontados con la difícil tarea de explicar el alejamiento entre la imagen que pretenden dar de una religión de tolerancia, de civilidad y de paz, y la realidad de ciertos principios fundamentales que representan todo lo contrario. Así encuentran dificultades para mantener una determinada fachada al mismo tiempo que permanecen fieles a ciertos elementos crueles de la doctrina que son esenciales para la práctica del Islam auténtico.

Uno de sus principales objetivos en las sociedades modernas es el de evitar daños al Islam. Al hacer esto, no es raro que  incurran en contradicciones. Hemos tenido ejemplos de ello recientemente con ciertas decisiones del Jeque Alí Gomaa, Gran Muftí de Egipto. Es este la autoridad superior de Egipto, responsable de la emisión de fatuas oficiales (decretos religiosos islámicos).
Alí Gomaa ha publicado un amplio abanico de opiniones sobre cuestiones críticas en Islam tales como la yijad, el estatuto de la mujer y el derecho de los musulmanes a cambiar de religión. Agencias de prensa del mundo entero  han publicado sus fatuas en diversas lenguas. Sobre la apostasía, esto es,  el derecho de un musulmán a renunciar al Islam y a adoptar otra religión, sus primeras decisiones fueron clementes. El forum en lengua inglesa del Washington Post-Newsweek es uno de los que ha publicado sus decisiones.

He aquí algunos extractos de lo que aquel ha dicho sobre la apostasía:

La cuestión esencial que nos ocupa es la siguiente: ¿Puede un musulmán elegir una religión que no sea el Islam? La respuesta es si, puede hacerlo, porque el Corán dice: "Vosotros tenéis vuestra religión y yo la mía" (Corán 109:6) y "Que crea quien quiera y quien no quiera que no crea" (Coran 18:29), así como "No cabe coacción en religión. La buena dirección se distingue claramente del descarrío" (Corán 2:256).

Y aquel añade: "Estos versos del Corán hablan de una libertad que Dios ha otorgado a todas las personas. Si bien, desde un punto de vista religioso, abandonar la propia religión es un pecado que será castigado por Dios en el día del Juicio Final. Si el asunto en cuestión es un simple rechazo de la fe, no llevará aparejado un castigo en la tierra." Y sigue declarando: "Si por el contrario el pecado de apostasía se acompaña del crimen de socavar los fundamentos de la sociedad, el asunto deberá entonces remitirse al sistema judicial, cuya función consiste en proteger la integridad de la sociedad. De acuerdo con el Islam no está permitido a los musulmanes el rechazar su propia fe. Si un  musulmán abandona su fe y adopta otra religión, cometerá entonces un pecado a los ojos del Islam. Las creencias y la práctica religiosa son cuestiones personales, y la sociedad no interviene más que cuando esta cuestión personal adquiere una cierta dimensión pública y amenaza el bienestar de la sociedad".

Mi primera reacción fue la de pensar que estas declaraciones eran equilibradas y razonables. Yo tenía la esperanza de que el Islam moderara su enfoque extremista sobre aquellos que abandonan esta religión. El Gran Muftí parecía poner el acento sobre el hecho de que los musulmanes tienen efectivamente derecho a cambiar de religión. Aquel dejaba entender claramente que estas cuestiones únicamente conciernen al hombre y a su Creador. Y afirmaba igualmente que, pese a que estas conversiones fueran  pecado, correspondía a Dios, y no a los hombres, el sancionarlas en el día del Juicio Final. Citaba únicamente una excepción: el caso en que la conversión de una persona socave los fundamentos de la sociedad. Para dichos casos, aquel sugiere que será necesario dirigirse a los tribunales para resolver la cuestión.

Aunque preocupado por esta excepción,  no le concedí mucha importancia. No podía imaginar que la conversión de una persona a otra religión pudiera ser interpretada como un acto susceptible de socavar los fundamentos de toda una sociedad.

Mis esperanzas fueron rápidamente quebrantadas. Algunos días más tarde el Gran Muftí publicó otra declaración. Esta vez, aquel se expresaba en árabe en El Cairo, y lo que decía era completamente diferente:

"Lo que yo he dicho realmente es que el Islam prohíbe a un musulmán cambiar de religión y que es un crimen que debe ser castigado."

Entonces me di cuenta de que, una vez más, nos habían engañado a todos. La estrategia musulmana de decir solamente medias verdades seguía viva y funcionaba bien. Lo que dicen en lugares como Washington a un auditorio anglófono es casi simultáneamente desautorizado y vaciado de contenido cuando hablan en árabe en lugares como El Cairo. Lo que se presentaba como una excepción rara y poco probable se había convertido en la regla general. Convertirse desde el Islam a otra religión es interpretado como un acto de apostasía. La mentalidad islámica considera que dicha apostasía puede minar los cimientos de las sociedades musulmanas.

Es difícil para los no musulmanes comprender cómo la decisión personal de un musulmán, o incluso de cientos de musulmanes, de cambiar de religión podría minar una sociedad islámica en su conjunto. Y suponiendo que eso fuera posible ¿la negación de los hechos cambiaría algo? Aparentemente eso es lo que piensa el Gran Muftí. Este debe considerar, no obstante, que ha logrado sus dos objetivos. Por un lado, se trataba de limpiar la imagen del Islam en Occidente y, por otra, de decir la verdad sobre las políticas islámicas en el mundo islámico.

Si islamistas como el muftí salen airosos siempre con tales maniobras fraudulentas, es porque nosotros se lo permitimos. Es necesario exponer a la luz pública la práctica habitual del doble lenguaje del Islam sobre cuestiones espinosas como esta última. Los no musulmanes tienen realmente necesidad de conocer la verdad sobre la realidad de la apostasía en el mundo musulmán.

Los versículos tolerantes

Una de las tácticas más socorridas que utilizan los musulmanes para promover su religión consiste en citar extractos del Corán que Mahoma escribió en La Meca durante los primeros años del Islam. En ese momento de su evolución el Islam era débil en influencias. Durante dicho periodo aquel trataba de ganar apoyos entre los árabes por medios pacíficos. Su actitud y sus estrategias cambiaron completamente después de que aquel se estableciera en Medina. Allí, este movimiento ganó numerosos adeptos, se encontró en condiciones de hacerse con un fuerte ejército y de imponer su religión por la fuerza. Para salvar la contradicción entre el tono de los versículos escritos en La Meca y aquellos otros escritos en Medina, Mahoma elaboró la doctrina de la abrogación. Las revelaciones del Corán de la Meca fueron abolidas y reemplazadas por las de Medina. Cuando los islamistas citan los versículos de La Meca en tono pacífico y conciliador, saben muy bien que dichos versículos han sido suplantados por los más recientes de Medina.

He aquí algunos ejemplos de versículos de Medina utilizados por aquellos:



Di: ¡Infieles!
Yo no sirvo lo que vosotros servís,
Y vosotros no servís lo que yo sirvo.
Yo no sirvo lo que vosotros habéis servido
Y vosotros no servís lo que yo sirvo.
Vosotros tenéis vuestra religión y yo la mía.
(Corán, 109:1-6)

Y di: "La verdad viene de vuestro Señor.
¡Que crea quien quiera,
y quien no quiera que no crea!"
Hemos preparado para los impíos un fuego
cuyas llamas les cercarán.
Si piden socorro, se les socorrerá con un líquido
como de metal fundido, que les abrasará el rostro.
¡Mala bebida! Y ¡Mal lugar para el descanso!
(Corán:18, 29)

No cabe coacción en religión.
La buena dirección se distingue claramente del descarrío.
Quien no cree en los taguts y cree en Alá,
 ese tal se ase del asidero más firme,
de un asidero irrompible.
Alá todo lo sabe, todo lo oye.
(Corán: 2, 256)

¿Qué nos enseñan realmente el Corán y los hadices sobre la apostasía?

El Corán

La mayor parte de las referencias coránicas recaen sobre la manera en que Alá ve a los apóstatas y como los castigará el día del Juicio Final. Del primer versículo resulta una inferencia indirecta sobre la apostasía, pero es así mismo utilizado por los musulmanes como fundamento del castigo de los apóstatas.

Retribución de quienes hacen la guerra a Alá y a su Enviado
y se dan a corromper la tierra:
Serán muertos sin piedad, o crucificados
o amputados de manos y pies opuestos,
o desterrados del país.
Sufrirán ignominia en la vida de acá
y terrible castigo en la otra.
(Corán 5,33)

A quienes dejen de creer,
después de haber creído,
y luego se obstinen en la incredulidad,
no se les aceptará el arrepentimiento.
Estos son los extraviados.
(Corán 3,90)

Quien no crea en Alá luego de haber creído
-no quien sufra coacción mientras su corazón
permanece tranquilo en la fe,
sino quien abra su pecho a la incredulidad-
ese tal incurrirá en la ira de Alá
y tendrá un castigo terrible.
(Corán 16, 106)

A quienes crean y luego dejen de creer,
vuelvan a creer y de nuevo dejen de creer,
creciendo en su incredulidad,
Alá no está para perdonarles
ni dirigirles por un camino.
(Corán 4,137)

Los hadices

Según Ibn Abbas, el Mensajero de Alá dijo:
"A aquel que cambie de religión, matadlo".
(Sahih al-Bujari nº 6922)

Según Adalá Ibn Masud, el Mensajero de Alá dijo:
"No está permitido derramar la sangre de un musulmán
que reconoce que no hay más Dios que Alá
y que yo soy el Mensajero de Alá,
más que en tres casos: un alma (en el caso de asesinato);
 una persona casada que cometa adulterio;
y alguien que deja su religión
y se aparta de la comunidad de los musulmanes."
 (Sahih al-Bujari, nº 6484 y Sahih Muslim nº 1676)

¿Cómo castiga el Islam a los apóstatas?

Para el Islam, el apóstata es el musulmán que rechaza el Islam habiendo nacido musulmán, o tras haberse convertido al Islam. Un apóstata es considerado como alguien peor que un infiel, que no ha hecho en ningún momento profesión de fe en Alá y en Mahoma, su profeta, o que jamás ha practicado el Islam en forma alguna.

Para el Islam, la apostasía equivale a una traición. En el Islam, política y religión son indisociables. Una famosa expresión fundamental en el Islam habla por si sola: "El Islam es al mismo tiempo una religión y un Estado." Es evidente que la traición en el Islam tiene dimensiones espirituales y culturales. El Islam no trata el abandono de sus principios fundamentales como una simple expresión privada de preferencias personales en materia de religión. Esta acción es considerada como una influencia perversa para la sociedad islámica en su conjunto que podría degenerar en sedición generalizada. Es la razón por la que la apostasía es tratada con tanta severidad.

La apostasía en el Islam comprende los sentimientos del corazón, las palabras y los actos.
Un ejemplo de apostasía del corazón sería cualquier signo de incredulidad en la supremacía de Alá: el hecho de venerar a Jesús o al Espíritu Santo y de reivindicar para ellos una naturaleza divina igual a la de Alá.

La apostasía mediante la palabra vendría dada por toda expresión que ponga en tela de juicio la autenticidad del Corán y de los preceptos del Islam.

Las infracciones graves tales como la adoración de los ídolos, el trato al Corán de manera altiva o desconsiderada y el dejar de rezar las cinco oraciones diarias, podrían fácilmente ser consideradas actos de apostasía.

Hay situaciones en las que los musulmanes no serán considerados responsables del rechazo a la fe, como los casos de errores sin malicia, de malos entendidos con relación a la sharía o el hecho de renegar del Islam bajo coacción.

El principio del Al Taqiyya prescribe que todo musulmán que renuncia a su fe en Alá y/o a su fe en el Profeta para salvar su vida, no será culpable de apostasía.

Esto está autorizado únicamente en aquellas situaciones en las que el musulmán renuncia solo de boquilla a su religión, manteniendo en su corazón la profesión de fe que había hecho. (Ver la azora16:106)

El Islam conoce dos formas de apostasía, la ordinaria y la extrema.

La ordinaria comprende las situaciones en que el apóstata no tiene intención de perjudicar al Islam o de ofenderlo. En dichas circunstancias, la mayor parte de las escuelas de jurisprudencia islámica conceden al culpable tres días para arrepentirse. Todo aquel que no se arrepienta puede afrontar penas severas como la prisión, la tortura o la ejecución.

Los acusados de apostasía extrema no tendrán la posibilidad de arrepentirse. La persona acusada de haber intentado perjudicar al Islam de forma consciente, así como de insultar al Corán o a Mahoma, no se beneficiará de plazo alguno de gracia.

Se sabe de la existencia de personas ejecutadas por miembros de sus familias, consejos islámicos, o bien, bajo los auspicios del gobierno de un estado islámico.

En el curso de los últimos años ha habido noticias de tales ejecuciones en Arabia Saudita, Irán, Pakistán, Egipto y Afganistán.

No nos cabe la menor duda de que han existido ejecuciones secretas en las democracias occidentales.

Las diferentes sectas dentro del Islam imponen normalmente las mismas severas penas para la apostasía cometida por hombres o mujeres. La única diferencia es que los Chafeitas, Malekitas o Hambalitas castigan exactamente con la misma pena a hombres y mujeres.  Así se  otorga a la mujer tres días para que se arrepienta y, caso de no hacerlo, será ejecutada. Los Hanafitas, por su parte, son más clementes con ella. Le otorgan la posibilidad de elegir entre la prisión de por vida, hasta que se arrepienta, o la muerte.

El presente artículo dice la verdad sobre lo que el Islam enseña acerca de la apostasía. Dice cosas de las que un musulmán moderado no les hablará jamás. En Occidente, algunas almas espiritualmente inquietas buscan respuesta en el Islam. Estas personas creen ingenuamente que no hay nada malo en probar el Islam para ver si es una religión que les convenga. Presumen que será tan fácil entrar como salir de él.
Nada podría estar más alejado de la verdad.

Los islamistas son engañosos a este respecto, al afirmar que el Islam reconoce la libertad de religión. Cuando alguien saca a colación la cuestión aquellos responden que todo el mundo es libre para mostrar su adhesión al Islam. Pero ¿tienen los convertidos el mismo derecho a abandonar el Islam si descubren posteriormente que aquel no era lo que ellos pensaban? La respuesta es clara: aquellos pueden aceptar o rechazar el Islam cuando la elección se les presenta inicialmente, pero es virtualmente imposible abandonar el Islam sin poner la propia vida en peligro.

Dejarse llevar por los argumentos de vendedor tramposo de los propagandistas musulmanes para vivir la experiencia del Islam, convirtiéndose en musulmán, puede tener consecuencias desastrosas. Dos palabras árabes de pronunciación similar lo explican.
En árabe, se dice que el derecho a aceptar el Islam es Makfula, (significado: garantía) La "K" en esta palabra se pronuncia exactamente igual que la "K" en la lengua inglesa, con la lengua en la zona frontal de la boca.

Hay otra palabra, Makkfula, que se utiliza para aquellos que quieren abandonar el Islam y que designa el rechazo a permitir tal cosa. La doble "KK" se pronuncia en árabe de forma gutural. Esta palabra  se parece enormemente a la palabra árabe usada para designar la acción de cerrar una puerta. Eso es precisamente lo que acontece a todos aquellos nacidos musulmanes o convertidos ingenuamente al Islam que intentan posteriormente dejar esta religión. La puerta está cerrada y atrancada tras ellos, de modo que no podrán salir sin ser acusados del crimen de apostasía.

No existe una política de entrada y fácil salida en el Islam. Estén todos bien atentos. Esto es como una trampa de acero: una vez que uno queda atrapado no hay forma humana de huir.