Inicio
Fitna o la política del avestruz, por Helios d'Alexandrie
(Publicado en Point de Bascule, con el título original: Fitna et le refus de sortir la tête du sable; http://pointdebasculecanada.ca/)


La afirmación según la cual "Fitna, de Geert Wilders, es una película que incita al odio y al racismo, aunque yo no la he visto" es frecuente; la oímos de la boca de ministros, políticos y periodistas. Estas personas, a todas luces, no se sienten en absoluto  molestas por admitir que no saben nada de esa película ¿Cómo es posible mantener con honestidad un juicio tan severo y categórico sobre una obra cinematográfica que ni siquiera se han tomado la molestia de ver?

Para responder a esta cuestión es esencial comprender la trayectoria de Geert Wilders, así como la de sus detractores. Wilders supo desde que concibió su cortometraje que el contenido de este debía ser al mismo tiempo objetivo y contundente. En consecuencia ha producido un film partiendo de documentos tomados de reportajes conocidos que han sido difundidos por las grandes cadenas de noticias. Un montaje hábil le ha permitido hacer un hacer el paralelo entre los versículos del Corán, por un lado, y los atentados terroristas y las declaraciones de los islamistas, por el otro.

A lo largo de toda la proyección, el autor se conforma con dejar hablar a los hechos. Su opinión se expresa muy al final, es decir, una vez que cada espectador ha podido sacar sus propias conclusiones de los hechos: el islamismo es un totalitarismo que amenaza nuestra civilización, debe ser combatido y vencido como lo fueron el nazismo y el comunismo. Objetivamente Wilders se contenta con mostrar la ideología hegemónica del islam  y aquellos que inducen al odio en nombre de Alá. Por lo tanto, es difícil acusarlo de incitación al odio hacia los musulmanes.

Wilders ha tomado incluso la precaución de no provocar inútilmente. La escena en la que parece que se rasga una página del Corán, va seguida inmediatamente de un comentario al efecto en el que se aclara que se trata de una página de la guía telefónica y que la tarea de "rasgar las páginas belicosas del Corán" corresponde a  los musulmanes.

De hecho Wilders no dice nada diferente a lo que dicen ciertos pensadores musulmanes como Irshad Manji y Abd el Wahab Meddeb. Este último llega incluso más lejos hablando de la "enfermedad del islam" (la maladie de l'islam). Según Meddeb, para "salir de la maldición" las azoras belicosas del islam deben ser declaradas obsoletas. ¿Cómo -se pregunta éste-, pueden ser todavía consideradas vinculantes las azoras que apelan al sometimiento de judíos y cristianos y aquellas que incitan al asesinato de los politeístas?
Los musulmanes que pretendan actuar de conformidad con la letra del Corán no podrán en cualquier caso proponerse seriamente dominar y humillar a millares de cristianos ni matar a un número aún mayor de politeístas chinos e indios.

Abd el Wahab Meddeb considera el islamismo como un fascismo tan peligroso como el fascismo hitleriano. Aquí de nuevo no se distingue de Geert Wilders, pese a lo cual nadie se ha preocupado en denunciar la islamofobia de Meddeb ni en acusarlo de sostener un discurso que incita al odio. Queda claro que en las actuales circunstancias su condición de  musulmán le otorga una total inmunidad contra este tipo de acusaciones: pero es preciso subrayar también que los gobiernos y medios de comunicación occidentales prestan poca atención  a estos musulmanes progresistas que cada cierto tiempo lanzan la señal de alarma. No pudiendo acusarlos de racismo o islamofobia, les imponen el apagón mediático.
Acusar a Fitna de ser una cinta que incita al odio sin haberla visto exige que nos asomemos a este extraño fenómeno que son las afirmaciones categóricas, por completo desprovistas de fundamento, pero elevadas al rango de verdades inmutables.

Los ejemplos son numerosos: el islam es una religión de paz, el jeque Qaradaui es un musulmán moderado, Tarik Ramadan es un musulmán progresista, Geert Wilders es un político de extrema derecha, etc. Los periodistas y los políticos están siempre farfullándolas y, a fuerza de repetirlas, se fijan definitivamente en los espíritus. Examinándolas de cerca se comprueba que sirven para impedir a la gente reflexionar, además permiten poner un punto final a la discusión. Nadie podrá cuestionar estas afirmaciones sin romper el tabú.

Fitna expone hechos de sobra conocidos e incontestables, por lo que no aporta nada nuevo en el plano de la información. Lo que es nuevo es que este film establece un vínculo directo entre esos hechos perfectamente conocidos y las enseñanzas del Corán. Haciendo un paralelo entre los versículos belicosos del Corán, por un lado, y los actos de terrorismo de los musulmanes y las declaraciones incendiarias de sus jefes espirituales, por otro, señala al islam como el verdadero problema. El autor se atreve a cuestionar las verdades inmutables que medios y gobiernos han establecido respecto del islam y la inmigración musulmana en occidente, rompiendo en consecuencia el tabú. Lo que es más de lo que esos medios y gobiernos pueden soportar.

En efecto, hasta ahora, los medios de comunicación y los gobiernos han tenido cuidado de distinguir entre el islam "religión de paz, amor y tolerancia" y el extremismo islámico considerado como una deformación o incluso una desviación de dicha religión. En vez de hacer frente a la realidad, las elites occidentales han preferido cultivar sus ilusiones con respecto al islam así como a la posibilidad de una coexistencia armoniosa entre los occidentales de la era post moderna y los musulmanes que han elegido retornar colectivamente al islam de los orígenes.

El engañarse o el volver los ojos a la realidad sirve para calmar la ansiedad y masticar el miedo profundo que las elites que nos informan y que nos gobiernan experimentan hacia el islam. Ese miedo solo se puede comparar con la negativa a hacer frente al problema, negativa motivada por intereses económicos o electorales cortoplazistas, pero también por cobardía y derrotismo.

Es por ello por lo que resulta infinitamente más fácil y menos arriesgado acusar a Geert Wilders de incitación al odio, sin necesidad de visionar Fitna para hacerlo. Llevarlo a los tribunales, negarle un visado de entrada en Inglaterra es de lejos preferible a las amenazas de violencia o de sanciones económicas provenientes de los países musulmanes. Los medios de comunicación se guardan bien de decírnoslo, pero los gobiernos occidentales están dispuestos a llegar muy lejos con tal de evitar hacer frente a los verdaderos problemas, tanto como para pisotear los principios y traicionar los valores de la civilización occidental.

(para ver Fitna con subtítulos en español hagan clic en este link:
<http://contrayihad.blogspot.com/2008/03/fitna-en-espaol.html>)